Nuestra Señora, la piedad mariana en la Edad Media

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POR ABBÉ ALAIN ARBEZ (*)

Esta forma de nombrar a la Virgen María, madre de Jesús, tiene su historia: apareció en la Edad Media, hacia el siglo XI. Fue un punto de inflexión espiritual y cultural, un signo de la promoción de una nueva actitud de los hombres hacia las mujeres: el «amor cortés».

La «Dama» no sólo es la figura femenina idealizada por los caballeros y cantada por los trovadores, sino que es el advenimiento de una respetabilidad femenina para frenar la brutalidad de la moral masculina. «Dame» viene de «domina», el equivalente femenino de «dominus». Se trata de una búsqueda de la equidad, porque, en contra de los prejuicios en boga, la cultura de esta época era extremadamente creativa.

En este clima, vemos a la Virgen Madre de Cristo representada con un enorme manto de compasión que protege a los fieles. En este período agitado, encontramos la búsqueda simbólica del Grial, pero también la veneración de María, que se presenta como calmante en medio de las vicisitudes. Se dice que tiene un afecto maternal. «Nostre Dame Saincte Marie qui fontaine est de cortoysie…

A partir de la Edad Media comenzó una época en la que se construyeron catedrales dedicadas a la Virgen, a lo largo de uno o dos siglos, y con un genio creativo que la modernidad podría envidiar. Las esculturas, los frescos y, sobre todo, las vidrieras destacan escenas bíblicas esenciales del Antiguo y del Nuevo Testamento.

En relación directa con el fomento del amor cortés, la veneración de la Virgen se convirtió en un marcador de considerable cambio civilizatorio en el Occidente judeocristiano. La Edad Media fue desacreditada en los siglos XIX y XX por el pensamiento de los historiadores de izquierda, y estuvo cargada de todo tipo de defectos, pero la investigación objetiva de estos extraordinarios períodos ha sacado a la luz sus logros, gracias a escritores e historiadores como Régine Pernoud, Jacques Heers y muchos otros.

En una época en la que nuestras sociedades asisten a un declive de los valores, las catedrales permanecen como obras maestras del pasado, señalando los hitos históricos que fundaron la civilización.

Notre Dame de París, incendiada y aún en proceso de restauración, es, junto con otros edificios dedicados a la Virgen, uno de los principales testigos de este mensaje de benevolencia y paz, que también necesita una gran restauración.

(*) Este artículo ha sido originalmente publicado en francés por la web Dreuz.Info y su autor, Abbé Alain René Arbez, es sacerdote católico, miembro de la Comisión Judeo-Católica de la Conferencia Episcopal Suiza y la Federación Suiza de Comunidades Judías.