Nueva factura eléctrica

Nueva tarifa de la luz. Llega el ‘electrical way of life’.

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Mañana se estrenará la nueva tarifa eléctrica. Llega también un nuevo modelo de factura, sólo comprensible para ingenieros eléctricos a la altura de un Nicola Tesla. Si viviera Gila, le dedicaría uno de sus mejores sketch. Si viviera Tip, la luz alcanzaría el surrealismo total.

Del nuevo hachazo eléctrico sólo se salvarán los que ahora se llaman «consumidores eficientes», un nuevo tipo antropológico que a partir de mañana tendrá que vivir en función de la tarifa eléctrica, siempre pendiente de una hoja de excel con las potencias contratadas, los consumos horarios, los tipos de electrodomésticos y los horarios en función del día de la semana. El nuevo consumidor eficiente deberá llevar a cabo las tareas del hogar no cuando se necesitan, o cuando pueda en función de su horarios laboral,  sino cuando les venga bien a la multinacional que emite la factura y al órgano regulador.

Un consumidor eficiente es aquel que a partir de ahora vivirá de madrugada: pondrá la lavadora de madrugada, el lavaplatos de madrugada, la secadora de madrugada, el aspirador de madrugada, el horno de madrugada, etc.  Como todos tenemos una potencia máxima  contratada, es evidente que no todos los electrodomésticos se pueden poner al mismo tiempo, pero sí de forma encadenada, de tal manera que el nuevo electrical way of life consistirá en ponerse el despertador cada hora y media para apagar un electrodoméstico, sacar las cosas de él (sacar los platos, colgar la ropa, apagar el horno etc)  y poner el siguiente…así hasta las 7 de la mañana. O eso, o contratar dos tipos de potencia, uno para el día y otro para la noche, y soportar durante el duermevela el ruido de todos los electrodomésticos danzando -y sonando- al unísono.

Una especie de gran reseteo doméstico, digno de Davos, que consiste en convencernos de que no dormiremos más de un tirón pero seremos felices.

Las tarifas de la luz, para cuya comprensión quizá llegue a requerirse algún tío de curso de formación previo pago de alguna modesta cantidad, son sólo una parte de la factura. La otra la conforman el coste de la energía, el margen para la comercializadora, el alquiler del equipo de medida si el contador no se tiene en propiedad, y los impuestos (IVA del 21 % e impuesto sobre la electricidad del 5,1127 %).

Las tarifas (la suma de los dos conceptos que sirven para pagar los costes regulados del sistema eléctrico: los peajes y cargos) suponen entre el 50 % y el 55 % de la factura final de un consumidor doméstico.

Los peajes se cobran para recuperar los costes de las redes de transporte y distribución, necesarias para que la luz llegue a los domicilios, comercios e industrias; mientras que los cargos están destinados a sufragar la financiación de las renovables, la compensación del 50 % del sobrecoste de la producción eléctrica en los territorios no peninsulares y las anualidades del déficit del sistema eléctrico de años anteriores.

Ahora se va a aplicar un cambio a partir del 1 de junio en las tarifas porque se ha modificado la metodología de cálculo de los peajes, que fija la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), y los cargos, que corresponde fijar al Gobierno.

Un cambio que universaliza la discriminación horaria, que antes se aplicaba sólo a una serie de tarifas, y que ahora se extiende con la unificación de todas las tarifas existentes en una única para los consumidores domésticos.

El sistema afectará a 19 millones de consumidores que hasta ahora no tenían discriminación horaria, mientras que la factura por peajes y cargos se incrementará para los 10 millones que ya tenían discriminación y tenían un precio más barato. Un lío.

Para los primeros, el componente regulado de la factura se va a reducir un 6,7 %, mientras que para los segundos aumentará levemente, en unos 2 euros al mes, según fuentes de la CNMC.

Eso en principio y si el consumidor no hace nada, porque las nuevas tarifas introducen diferencias en los precios en tres periodos horarios y se podrán contratar dos potencias distintas, lo que bien utilizado por el sufrido consumidor le puede reportar algunos ahorros…y desvelos.

Distintas tarifas por tramos

En concreto hay tres tramos tarifarios para el consumo: punta, en que el precio será más elevado; llano (un 69 % inferior al punta) y valle (un 95 % inferior al punta).

El periodo punta irá de 10 de la mañana a 2 de la tarde y de 6 de la tarde a 10 de la noche de lunes a viernes no festivos; mientras que el llano irá de 8 a 10 horas, de 2 a 6 de la tarde y de 10 a 12 de la noche.

El periodo valle, en el que menos se pagará, va de 0 a 8 horas de la mañana en los días laborables y se podrá disfrutar de él las 24 horas del día los sábados, domingos y festivos de ámbito nacional.

También habrá dos periodos de potencia, la parte fija que se paga aunque no se consuma y a la hora de contratarla se debe tener en cuenta, para evitar que salte el diferencial y se corte el suministro, la potencia de los aparatos que se conectan y cuántos tendrán que estar en marcha simultáneamente.

En el caso de la potencia, se podrán contratar dos diferentes para cada uno de los dos periodos que habrá: para el punta (el más caro y que va de 8 de la mañana a 24 de la noche) y para el valle (un 95 % más barato que el punta y que va de 24 horas de la noche a 8 de la mañana y que ocupa todas las horas de los sábados, domingos y festivos nacionales).

Lavadoras y lavavajillas nocturnos y de fin de semana

Para poder aprovecharse del mayor número de horas valle que va a haber, que serán el 52 % del total y de las que 48 horas corresponderán al fin de semana, habría que poner en práctica hábitos como poner la lavadora o el lavavajillas en los horarios más económicos, por ejemplo de 0 a 8 horas o durante todo el día los fines de semana y festivos, lo cual significará que los hogares irán acumulando ropas y cacharros sucios a los largo de toda la semana, y los días de descanso los dedicará a poner sin interrupción ciclos y  ciclos de electrodomésticos esclavizados.

En el caso de los electrodomésticos que están conectados permanentemente, como el frigorífico, con el cambio habrá, no obstante, más horas valle (88 horas a la semana) que punta (40 horas a la semana).

Otra de las recomendaciones es evitar simultanear la puesta en marcha de los electrodomésticos pues, evitando poner todos los aparatos a la vez, un consumidor con alto equipamiento eléctrico que ajuste la potencia contratada en hora punta podría ahorrar de 200 a 300 euros anuales, según cálculos de la CNMC.

En el caso de un consumidor medio y eficiente, con una potencia contratada en la actualidad de 4 kilovatios (Kw), ajustar la potencia punta a 3,5 Kw y la valle a 2,3 Kw le proporcionaría una reducción del 6,8 % en el componente regulado de la factura, dicen.

Cambios combinados en la potencia y en las horas en que se consume la luz también pueden reportar ventajas y, por ejemplo, si se trasladan 0,5 Kw de la potencia contratada del periodo punta al valle y un 10 % del consumo del periodo punta al llano y valle supondría una reducción del 16 % en el componente regulado de la factura. Solo hay que hacerse la correspondiente hoja excel…y vivir esclavizado de la lavadora.

La plancha es uno de los aparatos de mayor consumo y ponerse a planchar fuera del periodo punta -de madrugada, mayormente- puede proporcionar un ahorro de 38 euros ¡al año!

En cualquier caso, será importante evitar en todo lo posible consumir luz en horario punta, cuando el precio de cada kilovatio hora llegará a más de 20 céntimos antes de impuestos (en torno a 25 céntimos el precio final), según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

Esta organización señala que las tarifas del horario llano se mantienen similares a las actuales para un hogar que no tenga discriminación horaria, aunque en el horario valle cada kilovatio hora será un poco más caro que ahora, pero se podrá compensar trasladando el consumo al fin de semana. Ya saben: el fin de semana queda reservado a las tareas del hogar que se han ido acumulando de lunes a viernes, con la casa manga por hombro, hasta que llega el feliz zafarrancho del domingo.

Deberes para el consumidor

Por si no tuviéramos suficiente con tener que cumplir con los deberes laborales, familiares, sociales, escolares, parroquiales, comunitarios, etc, ahora nos ponen, para ser consumidores eficientes, deberes electrificantes.

Los clientes domésticos se dividen entre los que tienen el Precio Voluntario al Pequeño Consumidor (PVPC) o tarifa regulada (10,7 millones de los que actualmente 9,5 millones no tienen discriminación horaria) y 16 millones en el mercado libre, con contratos muy diferentes.

A los clientes con PVPC, en principio, se les actualizará automáticamente las tarifas y tendrán la misma potencia que ahora en el horario punta y en el valle, pero podrán solicitar cambiarla para poder beneficiarse de los cambios.

La potencia contratada se puede cambiar cada doce meses y para facilitar la adaptación, se permiten dos cambios de potencia gratuitos hasta el 31 de mayo de 2022, salvo que el cambio implique actuaciones en el punto de suministro que requieran el desplazamiento de un técnico.

Los consumidores acogidos al PVPC, que, además de las tarifas de acceso pagan por la electricidad el coste que tiene en cada hora en el mercado mayorista, deberán evitar consumir en horario punta y ponerse a planchar, usar el horno o poner la secadora en el fin de semana, donde todas las horas serán valle, si quieren beneficiarse del cambio, según la OCU.

La potencia sería conveniente que la redujeran para el horario punta y la subieran en el valle para consumir más durante la madrugada y los fines de semana, aunque hay que tener en cuenta que para poder tener el PVPC la potencia contratada en ningún caso podrá superar los 10 KW.

Tener el PVPC en un requisito indispensable para poder disfrutar del bono social -descuento en la factura de la luz para los consumidores calificados como vulnerables- y sólo pueden suministrarlo los comercializadores de referencia -las comercializadoras de Endesa, Iberdrola, Naturgy, EDP y Repsol que operan en el mercado regulado y que tienen diferentes nombres, más Teramelcor en Melilla-.

En el caso de consumidores en el mercado libre, el comercializador debe adaptar el precio del contrato para incorporar la diferencia de costes regulados, para lo que tiene dos vías.

Una es adaptar el precio del contrato a los nuevos periodos de energía y potencia, y la otra mantener los tramos de precios que el consumidor tuviera acordado previamente en su contrato (precio fijo todo el día, precios diferentes entre semana/fin de semana y otros), trasladando al precio la diferencia de costes que resultaría para su perfil de consumo.

En cualquier caso, el comercializador deberá comunicar estos cambios al consumidor del mercado libre con la suficiente antelación, según la CNMC.

Las nuevas tarifas también afectan a las pymes, que pasan de una diferenciación de precios de tres a seis periodos (con los mismos tres periodos en los días laborales pero con precios que difieren en función de la temporada del año, y todos los fines de semana y festivos en periodo valle, aumentando así las horas valle de 2.920 a 4.680); mientras que para industriales se mantienen seis términos de potencia y consumo.

Todo muy sencillo, pensado para mayor felicidad del sufrido consumidor, cuyos obligaciones eléctricas le conducen, sin duda, a un nuevo cambio antropológico: el homus tarifarius.

Estamos gobernados por imbéciles.