EDITORIAL

Oltras Políticas. De la escucha al silencio.

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Mónica Oltra es uno de los grandes activos políticos para el proyecto de Yolanda Díez que, por lo que se ve, ha decidido sustituir su periodo de «escucha» por otro de sepulcral «silencio».

Con su silencio clamoroso ante la atrocidad cometida -presuntamente- por Mónica Oltra, que no es otra que haber encubierto a un abusador sexual y desprestigiar a la víctima, la izquierda feminista ha alcanzado la más alta cota de hipocresía de su histórica lucha, que se ha convertido en mero toreo de salón. ¿Donde han quedado el No es No y el MeeToo? Cuando la víctima -joven, mujer, sin recursos- cae en las garras de un depredador de la izquierda casado con una lideresa feminista, independentista y de izquierdas, al parecer hay que taparlo todo e imponer el silencio.

Desde la insolencia de su propio reclamo publicitario, «Otras políticas» -como si las demás no valieran para nada o fueran meros adornos florales o semiesclavas sumisas del hetero-patriarcado- ellas se presentaron como cinco versiones, a cual más chusca, de la Libertad guiando al Pueblo, de Delacroix. Y si esa manera de ser diferentes se refería no solo a su condición femenina sino también a sus programas políticos, mejor no padecerlos.

Una de ellas, Ada Colau, vieja activista en favor de los okupas y abanderada del stop desahucios, no solo ha sido la peor alcaldesa de la que Barcelona tiene memoria (ruina económica, inseguridad ciudadana, degradación urbana) sino que además ha sido sucesivamente imputada por entregar subvenciones a los chiringuitos de los que ella proviene, es decir, por haber regado con dinero del contribuyente a los viejos amiguetes de la izquierda.

Ahora, otra de ellas, Mónica Oltra, es imputada por el siniestro caso de los abusos sexuales de su entonces marido (condenado) a una menor tutelada. Según el juez, hay graves indicios de que Oltra ideó un plan para ocultar los abusos sexuales y desacreditar a la víctima con la finalidad de proteger a quien entonces era su marido y de no sufrir daños colaterales en su propia carrera política.

¿Quien será la siguiente? No lo sabemos, pero a tenor del ritmo que ha ido adquiriendo este hundimiento de la izquierda, este desfile de zombies, es solo cuestión de tiempo.

Entre tanto, Yolanda, en pleno «proceso de escucha», sombra aquí/sombra allá, parece haber sacado a la escena la vieja pizarra de «Silencio, se rueda».