Pandemonium, por Carlos Esteban

Pablo Casado, presidente del Partido Popular. EFE/ Emilio NaranjoPablo Casado, presidente del Partido Popular. EFE/ Emilio Naranjo
|

A Casado le han dicho que es un buen orador y le han hecho polvo, que siendo en lo demás la pura nada, probablemente intercambiable con Sánchez, se pierde ahora por cualquier frase sonora y feliz de la variante equidistante. Así, dijo en sede parlamentaria que “la Guerra Civil fue el enfrentamiento entre quienes querían la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia”.

Y, claro, la armó, porque todo el régimen actual se asienta sobre la premisa de que la Guerra Civil fue el combate entre la Luz y las Tinieblas, entre las aguerridas tropas de una prístina democracia progresista y liberal y las hordas del más oscuro de los fascismos. No es una opinión: es la ley de la tierra, consagrada por el mismo PP.

La Segunda República es como esa Edad de Oro en la que se inspiraban, nostálgicos de lo no vivido, los poetas de la Antigüedad. Desterrar cualquier atisbo o reliquia del régimen que vino después es la meta de todos los afanes de Sánchez el Restaurador, porque en verdad nada puede haber más distante y distinto de aquella siniestra tiranía que este radiante régimen de libertades, garantías y derechos del que nuestro presidente es incansable valedor.

Fuera de ese Callejón del Gato, de esa aldea Potemkin de la Carrera de San Jerónimo, en Mallorca, un grupo de chavales en viaje de fin de curso ha sido secuestrado por la policía y la Guardia Civil. No han cometido delito alguno ni se les acusa de nada ni ha mediado orden judicial alguna. Sencillamente, alguien pensó que se divertían demasiado, que una cosa es la libertad y otra distinta el libertinaje, y que la Variante Delta Plus, que tiene nombre champú, concede carta blanca a cualquier caciquillo local para dar rienda suelta al sátrapa persa que lleva dentro.

Aitor Esteban, un tipo que representa a un partido cuyo fundador se inventó un país en unas pocas noches de insomnio, con nombre y bandera al gusto del orate, dijo en ese mismo teatrillo que los golpistas del 1-O no robaron al malversar, digan lo que digan los tribunales, porque no se llevaron el dinero a la butxaca -no todo, al menos-, y robar para otros no es robar, ya se trate del impuesto revolucionario o del pizzo que recoge de la licorería Vinny para la Famiglia Gambino.

No se puede tener todo, y así es de justicia que se nos esquilme desde Hacienda -la única institución estatal que funciona como un reloj suizo- o se nos prohíba salir de casa caprichosamente, a mandado de expertos que nadie ha visto, porque, para compensar, nos han hecho libres de la propia biología, emancipados al fin de la tiranía cromosomática, y mal tendrá que ir la cosa para que, a no tardar, nos liberen de la Ley de la Gravedad, tan fascista ella.