Pedro Halffter: «El 99 % de la música que nos acompaña a diario es horrorosa»

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Javier Herrero.

EFE.- Con su obra «Proteo», que vivirá mañana su estreno mundial en el Teatro Real, el director Pedro Halffter aspira a recuperar el silencio que convierte la música en un «hecho excepcional», así como en un medio para «transmitir conocimiento» y reflexionar sobre la idea del cambio en medio del mundanal ruido.

«Para encontrar la armonía es necesario el silencio, pero ahora vayas donde vayas hay música de fondo. Y el 99 % de la música que nos acompaña es horrorosa, por eso hemos perdido la barrera entre la que lo es y la que no», opina este afamado director y autor español en una charla con Efe.

Halffter (Madrid, 1971) tuvo la suerte de no parar de trabajar durante la pandemia, aunque eso le exigió vivir durante 3 meses en una habituación de hotel en Suiza. Entre las numerosas lecturas que acompañaron ese largo período estaban «La montaña mágica» de Thomas Mann y «El mundo como voluntad y representación» de Arthur Schopenhauer.

«Entonces surgió la idea de escribir algo sobre el cambio constante, que para mí es la idea fundamental del mito de Proteo, no solo los cambios de humor, también los de forma», explica sobre la historia de aquel hijo del dios Poseidón capaz de transformarse a voluntad y que, además, podía ver el futuro.

Su interés con esta «Proteo», no obstante, está más situado en el presente. «Los compositores debemos hablar de las cosas que son importantes hoy, de los debates que nos atañen y que están encima de la mesa», asevera.

La partitura parte de una esencia que permanece invariable, un color «azul oscuro» que sinestésicamente se traduce en una armonía de Re bemol mayor que para el madrileño «tiene que ver con la consonancia del mundo».

«Cuando la escucho siento algo especial, como un barco en la noche que me da sensación de plenitud», desvela sobre una obra que transcurre todo el tiempo en esa tonalidad, pero que es interpretada desde los instrumentos más graves hasta el más agudo, como las sucesivas transformaciones de su protagonista.

Invitado para la dirección del concierto, volverá a ponerse así una vez más al frente de la Sinfónica de Madrid, titular del Teatro Real, con la que guarda «una relación especial» desde que empezara a colaborar hace más de 30 años y en cuyos intérpretes pensó cuando escribió «Proteo».

La escritura no fue un proceso sencillo. «Para mí no es fácil componer. Envidio a la gente que, como decía Strauss, se sientan por la mañana y escriben. Para mí el hecho creativo es más un sufrimiento, como mirar al sol directamente», reconoce tras un proceso arduo de búsqueda al piano.

«Lo que me gusta en la música es el equilibrio entre un discurso expresivo y dramático con cierta complejidad formal y, segundo, con una comunicación con un público entendido, con el que puedas hablar de tú a tú», insiste quien invita al espectador a escuchar y sacar sus propias conclusiones.

Es por ello, explica, que su nueva composición arranca con una especie «de impulso fuerte y lleno de energía», como una llamada de atención del dios que le da nombre y con la que rompe el continuo de la cotidaneidad «para entrar después en un discurso más complejo y dramático».

«Hay que poder preparar al oyente para escuchar música como algo especial. Antiguamente no era tan habitual, hasta que en las casas burguesas proliferaron los instrumentos y luego, en el siglo XX, cuando se produjo la invención del gramófono», recuerda.

Afirma que para él «la música es conocimiento», de ahí que distinga dos tipos: «la que lo transmite y la que es pura diversión», por lo que se puede trazar una línea entre «las canciones más baratas a obras con profundidad filosófica o matemática».

«Si además hay un discurso bello es cuando se transforman en verdadero arte», concluye este creyente en la doctrina pitagórica de la armonía de las esferas que ve en las «Variaciones Goldberg» de Johann Sebastian Bach la máxima expresión de esta fusión.