¿Quid prodest?

Puigdemont detenido: ¿El final de la legislatura?

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La pregunta, en estos casos, es siempre la misma: ¿Quid prodest? ¿A quien beneficia la detención de Puigdemont en Ceredeña? ¿Se trata de un «susto», de un «aviso», o de una detención que acabará con el prófugo en España?

Hace unos días el diario El Mundo publicaba un artículo de Iñaki Ellakuría titulado «Matar a Puigdemont» en el que se ponía de manifiesto cómo el ex presidente se estaba convirtiendo en un incordio para la llamada mesa de negociación. El prófugo de Waterllo se estaba dedicando últimamente a desestabilizar las conversaciones entre los representantes del gobierno de la Generalitat y el Gobierno de Sanchez. Pudiera que los más acendrados enemigos del prófugo se encontraran ahora fuera de las instituciones del estado: sentados a una mesa de la que él había quedado excluido y que estaba jugando su propia e independiente partida. Por otro lado, son conocidas las pésimas relaciones entre Junqueras y Puigdemont: unos pasaron por la cárcel mientras el presidente se dió a la fuga y vivió como un rico en una mansión de Waterloo.

Con Puigdemont neutralizado, ¿que ocurriría?

Hay dos situaciones distintas: que Puigdemont quede neutralizado primero en Italia y luego en Bélgica, pendiente de que los tribunales se pronuncien sobre su entrega a España, o que la orden se ejecute y regrese a España a corto plazo.

¿Y si Puigdemont llegara a España? ¿Que haría el gobierno? Por una parte sería un triunfo del estado de derecho; por otra, un balón de oxígeno para el movimiento independentista, que podría salir de su letargo; por otro, en fin, un problema para Pere Aragonés y su mesa de negociación que Puigdemont quiere reventar.

La vuelta de Puigdemont a España marcaría el final de la legislatura: con Puigdemont ante el Supremo, en prisión preventiva en Soto Del Real, la ruptura de los pactos de Sanchez con el separatismo «oficialista» sería cosa de días. El separatismo tendría que alzar la voz ante su nuevo mártir, las asociaciones del movimiento independentista se pondrían nuevamente en marcha  y volveríamos a las algaradas callejeras y a la violencia. Sánchez estaría en una posición imposible.

Por el contrario, si Puigdemont quedara neutralizado en Bélgica, atado de pies y manos mientras llega o no llega el pronunciamiento de los tribunales, dejaría de dedicarse las 24 horas del día a boicotear y hacer fracasas las conversaciones  de «la mesa».

La detención de Puigdemont no garantiza su entrega: el galimatías jurídico al que se enfrenta la orden de detención no se resolverá de inmediato, y es posible -no justo, pero sí posible- un pronunciamiento contrario a la entrega a España.

La detención de Puigdemont es, por el momento, un aviso, un pulso. Ni a Aragonés ni a Sánchez les conviene que regrese a España, porque rompería su procés oficialista de la mesa de negociación.

Al propio Puigdemont no le conviene, por razones obvias, volver.