Editorial

Putin es culpable

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De nada vale la retórica historicista de un sátrapa que reprime a su pueblo. El recurso al patrioterismo febril es un viejo conocido de la demagogia bélica. Palabras banales. Nadie puede violar unilateralmente el Derecho Internacional. Nadie puede decidir por su cuenta invadir un país. Putin ha roto su palabra -que ya no vale nada- con la violación de los acuerdos de Minsk y la bárbara invasión de Ucrania.

Quien ordena a su ejercito destruir países (Ucrania, Georgia, Moldavia), arrasar campos, asesinar personas, bombardear pueblos y ciudades para recuperar las sombras del imperio más sórdido de la historia (el soviético), es culpable. Quien ataca sin piedad a la población civil, es culpable. Quien sirve a la cleptocracia de una vieja nomenklatura reconvertida al capitalismo feroz, es culpable. Quien pone al mundo al borde de la tercera guerra mundial, es culpable.

Occidente puede tener -y tiene- en su debe, errores de bulto, cegueras estratégicas y graves responsabilidades.

Pero hay un solo culpable de la guerra: el que la pone en marcha, el que primero ataca, el que la empieza. Putin -el represor de su pueblo, el sátrapa, el dictador- es culpable.

Otra vez la invasión de los bárbaros.