Ya no cuela

¿Qué es una mujer? Por Carlos Esteban

|

El periodista norteamericano Matt Walsh ha lanzado recientemente un documental basado en, y titulado con, una sencillísima pregunta que podría estar dirigida a Irene Montero y compañeras mártires: ¿Qué es una mujer?

Parece de las fáciles, pero se ha convertido en la pregunta imposible de responder para una sociedad rendida a una ideología que pretende que un varón biológico es, en realidad, una mujer. Y, sin embargo, nadie sabe definir qué es eso.

Es la pregunta esencial de nuestro tiempo, precisamente porque nadie entre los mandarines del tiempo sabe responderla. Recientemente, tras la renuncia de un juez del Tribunal Supremo norteamericano, el senil Biden nominó a la juez Ketanji Brown Jackson para sustituirle, y durante el proceso de revisión en el Senado una senadora le pidió que definiera qué es una mujer. Y la jueza, que tendrá que dominar arcanos argumentos jurídicos sobre complejos matices de la ley, respondió que no podía definirlo porque “no soy bióloga”. Imagino que tampoco sabrá qué es un gato porque no es zoóloga.

La paradoja es que los mismos que no saben qué es una mujer tienen clarísimo que cualquier varón que declare serlo, lo es hasta el tuétano, indudablemente, y así lo reconoce la ley tanto allí como aquí. De esta manera las cárceles norteamericanas de mujeres han empezado a llenarse de varones, a menudo condenados por violación, que en el juicio o incluso a poco de aplicarse la sentencia deciden que, en realidad, son mujeres. Les dejo que imaginen las consecuencias.

Una civilización que no puede responder a qué es una mujer no puede tener clara ninguna otra cosa. O, mejor, tiene claro que la realidad objetiva es solo una molestia prescindible y lo único que cuenta son los juegos de poder.