¿Quién falsifica la memoria histórica?

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¿Quién falsifica la memoria histórica?

Por Eduardo Mackenzie *

Este 23 de noviembre de 2022, la nueva dirigencia del Centro de Memoria Histórica (CNMH) de Colombia, lanzó un texto de 478 palabras para difamar y mentir sin escrúpulos sobre la importante labor que el historiador y profesor universitario Darío Acevedo Carmona cumplió durante tres años y medio al frente de ese organismo público.

Pese a ese carácter dañino, el citado texto no es del todo inútil. El revela los elementos teóricos que guían la acción de la nueva dirección del CNMH y del equipo que administró el CNMH antes de la llegada, en 2019, de Darío Acevedo Carmona a la dirección del mismo.

El principal elemento teórico de la nueva dirección es el de la «construcción de memoria». Ellos ven la memoria histórica como una fabricación, como una construcción mecánica que debe ser siempre el resultado del trabajo de un colectivo, no de las experiencias personales, dramáticas o no, de los individuos frente a la realidad vivida y generada por el conflicto armado colombiano.

El texto dice, en efecto, que la misión del CNMH es  “liderar (…) la construcción de la memoria colectiva”. Para ellos, la memoria no puede ser individual sino “colectiva”, no es libre, ni espontánea, ni sujeta exclusivamente à los hechos reales, vividos por individuos o por grupos. La memoria, para ellos, debe ser otra cosa: una construcción “guiada”, “liderada” –ese es el lenguaje que emplean– por un colectivo aparte, no por el protagonista mismo de los acontecimientos, sino por un grupo separado, que orienta la estructuración mental y la redacción final de esa memoria.

Ese “colectivo” puede obviamente asumir formas diferentes. Puede ser un equipo específico del CNMH, como puede ser una célula ideológica especializada en “guiar” a quienes admiten ser guiados. Puede ser también un partido y, en últimas, ese guía puede ser, detrás de una cortina o no, un jefe de gobierno.

Esa es la falsa concepción de la memoria histórica. En realidad, se trata de una falsificación. La memoria auténtica, libre, sin filtros, no puede ser admitida por esa gente. Sólo es válida, para ellos, la memoria que resulta de un tratamiento especial, en donde el protagonista, la víctima que porta en sí un testimonio, una memoria, un estigma de lo vivido personalmente o en grupo, debe ser vertido, modelado, adulterado por un grupo, por un actor externo.

Es esa, ni más ni menos, la versión marxista-leninista de la memoria histórica. El partido, depositario único de la verdad y de la ciencia, debe decir, guiar, traducir y escribir cómo es la realidad de los hombres, incluyendo la memoria de las víctimas de ese atroz sistema totalitario.

Al final, el texto del grupo que acompaña a la señora María Valencia, nueva directora del CNMH, trata de seducir al lector afirmando que  el “objetivo misional” del CNMH es “construir y difundir una memoria plural que parta de las víctimas del conflicto armado”. Sin embargo, hemos visto que si la memoria es forzosamente “plural”, es decir no individual sino interferida, “liderada” por un agente exterior, que decide quien es víctima y quien es victimario, no puede ser una memoria que “parte de las víctimas”.

La violenta animadversión que profesa contra el profesor Acevedo el grupo que asume ahora la dirección del CNMH viene justamente de allí: porque Darío Acevedo, en primer lugar, abrió las puertas del CNMH a los militares y policías que también han sido víctimas y siguen siendo víctimas de la violencia subversiva y del llamado “conflicto armado” –actitud ésta sí verdaderamente pluralista y humanista pero que había sido negada sistemáticamente por los dirigentes del CNMH anteriores a Acevedo– y, en segundo lugar, porque Darío Acevedo Carmona no quiso “liderar con equipo propio las investigaciones”, como le reprocha el texto cuestionado, es decir no quiso que tales testimonios fueran filtrados y adulterados por un “equipo propio”. Su método fue el de permitir la expresión directa, sin interferencias doctrinarias, de las víctimas, de todo tipo de víctimas, y de evitar que el testimonio de éstas fuera necesariamente una coincidencia entre la vivencia de ellas y las posturas de la dirección del CNMH.

En el siguiente artículo abordaré el asunto de las acusaciones del nuevo grupo dirigente del CNMH contra el profesor Acevedo Carmona.

*Eduardo Mackenzie es periodista y escritor. Es autor, entre otros libros, de Las Farc, fracaso de un terrorismo (Random House-Mondadori, Bogotá, 2007, 569 páginas)