Recuerdos de la moción, por Carlos Esteban

|

Casado se sentenció a irrelevancia perpetua en la moción de censura presentada por Vox, cuando no solo no se sumó, pudiendo liderarla, a la iniciativa sino que se alineó con el Gobierno frente a la formación de Abascal, a quien singularizó con retórica despiadada como una mayor amenaza para la democracia que el propio Sánchez.

Lo hizo en un discurso cruel en lo personal y vacío en lo sustancial que fue aplaudido con entusiasmo por sus corifeos y que le valió que Sánchez e Iglesias le pasaran, condescendientes, la mano por el lomo y le admitieran en el club de los demócratas, algo que siempre llena de gozo a cualquier político pepero. Y en su momento se vendió todo como un triunfo, afirmándose que no solo se habían afianzado sus bases electorales, sino que incluso algunos vacilantes habían vuelto a respaldar al partido en intención de voto, algo que estoy dispuesto a creerme.

En su día escribí que la moción había sido una victoria clave para Vox y un acierto rotundo, pese a sus resultados inmediatos, porque era tan predecible como un eclipse que el gobierno Frankenstein seguiría haciendo cosas que nos helarían la sangre, y en cada ocasión la oposición de Casado sonaría a hueco y todo el mundo tendría en la cabeza que, en la hora de la verdad, vio un peligro mayor en Vox que en la coalición de PSOE y Podemos.

Sánchez se ha dado una prisa loca desmontando la democracia en este tiempo, y ahora mismo y con una sola declaración se dispone a destrozar la unidad de España y desnaturalizar por completo a los tribunales, al calificar de “venganza” sus resoluciones conforme a derecho para justificar un indulto a los golpistas catalanes. Era previsible para cualquiera salvo, al parecer, para esa bolsa de aire, Casado. Disfrute de lo votado, don Pablo.