San Valentín, un sacerdote mártir que ofició bodas prohibidas en el Imperio romano

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El mundo gira en torno a los grandes eventos comerciales. Pero conviene recordar cuál es el origen de esas fiestas que ahora se han «paganizado» tanto. Cómo la de San Valentín, que si es el patrón de los enamorados, es porque le dio al matrimonio la importancia que merecía arriesgando hasta la vida.

La leyenda sitúa a san Valentín, patrón de los enamorados, en la Roma del siglo III, donde el emperador romano Claudio II prohibió el matrimonio a los jóvenes soldados profesionales alegando la incompatibilidad del amor con la profesión y porque creía que sin familia eran mejores soldados.

San Valentín no es ni mucho menos una festividad ñoña, sino la fiesta de todo un Santo.

Al parecer, Valentín, que era un médico convertido al cristianismo que se hizo sacerdote, se rebeló contra la norma y celebraba matrimonios secretos de jóvenes soldados enamorados: era mayor la importancia sagrada del matrimonio y la familia que la de la milicia.

Cuando el emperador tuvo conocimiento de las prácticas que llevaba a cabo Valentín, ordenó encarcelarlo y martirizarlo, hasta que fue ejecutado el 14 de febrero del año 270.