EDITORIAL

Sánchez: De los «cenáculos de Madrid» y los «señores con puro» a los «poderes oscuros»

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Las dos últimas entrevistas concedidas por Sánchez a sus «buques insignia» de La Sexta y El País desvelan esa obsesión del poderoso que va perdiendo pie y que no es más que el vértigo previo a la caída: una oscura conjura de poderes ocultos quiere acabar conmigo.

Sanchez vive -por lo que dice- sumido en paranoias, monomanías y conspiraciones. Su queja es la expresión de la impotencia y es además un síntoma de debilidad que anuncia el paso previo a su hundimiento. Lo sabe pero no se lo explica. ¿Como es posible que los españoles hayan dejado de adorarme, que no valoren mi liderazgo, que ya no me quieran? No eso posible.

El narcisismo es siempre la antesala del contubernio. Primero fueron los señores con puro que conspiran contra mí en los cenáculos madrileños; luego los ricos poderosos que viven en la tiniebla planeando mi caída. Lo próximo será que Putin, que le tiene ojeriza por lo de Ucrania, ha entablado una alianza ultra con algún tipo de derechista. Si uno se fija, cada vez lleva un despliegue de seguridad más llamativo (coches blindados, motoristas armados, escoltas con sus gafas de espejo y sus maletines para repeler atentados). Se sube con frecuencia a un helicóptero para distancias cortas. Ha dejado de salir a la calle. Viven encerrado en Moncloa. Veranea en palacios. Ya no responde a preguntas. Quizás acabe contratando a uno esos arriesgados probadores de comida -catadores de alimentos, se dice- para evitar morir envenenado. ¿Está loco de atar? A lo mejor por eso no le quieren.