EDITORIAL

Sánchez, el espiado

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Los acontecimientos de esta misma mañana más parecen una cortina de humo y una apelación del malvado Sánchez al victimismo que una conmoción gubernamental.

La puesta en escena de este gobierno de propagandistas evidencia la intención de convertir este affaire en un nuevo espectáculo televisivo: Rueda de prensa de urgencia, un día de fiesta, con un asunto único: el presidente del gobierno y la ministra de defensa han sido espiados por el ingenio «Pegasus».

Merkel y Macron fueron espiados por los norteamericanos, éstos por los rusos, los rusos por los chinos, los israelíes por todos y a todos, los marroquíes a nosotros y nosotros a ellos. No existe un solo servicio de información que no quiera espiar al adversario (y al socio poco de fiar). Para eso se constituyen los servicios de inteligencia exterior.

El hecho, pues, no es nuevo. Es tan antiguo como la propia política exterior. La historia está plagada de amantes, confidentes, confesores, agentes…y también artefactos. No seamos ingenuos.

La sorpresa, la singularidad del caso español estriba en que un presidente de gobierno denuncie, haciendo bulla, haber sido espiado (con toda probabilidad por un servicio extranjero). Es una buena manera de hacer el ridículo en el concierto internacional.

Por otro lado. todo apunta a que el gobierno ya lo sabían y lo ha sacado ahora para «equipararse» en el daño a sus socios de gobierno, también espiados. Mee Too.

Nada tendría de extraño que los propios socios OTAN se hubieran interesado en el teléfono de un presidente que pacta con ETA, que incorpora a los comunistas a su gobierno, que filtra a la prensa información confidencial para la defensa y que es conocido por no conocer límite alguno.

Sánchez es un peligro público en la esfera internacional, y lo extraño sería que no le hubieran espiado. Aunque nos duela.