«Señora Oltra, márchese a casa y llévese de la mano a Ximo Puig», por Alba Vila

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«Yo, desde luego el día que me vea como usted, imputado, vilipendiado y pillado en todas las mentiras posibles y siendo el hazmerreír de toda España, apareciendo más en las viñetas que en las noticias, ese día, sí que me iré a casa. Desde la moralidad y la política, le puedo decir que se va a presentar como un hombre honrado y de honorable sólo le queda el título». Mónica Oltra a Francisco Camps en 2009.

Cuando sea imputada me iré a casa, decía Oltra. Pues ese día ha llegado, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana ha imputado a la vicepresidente de la Generalidad por haber ocultado los abusos de su entonces marido a una menor tutelada, bien para beneficiarle a él o a sí misma y no perjudicar su carrera política, según los magistrados.

Resuena ahora esa contundencia, esa falsa moralidad y la altura de miras de la que tanto presumía Oltra hace años. Tiene la puerta más que abierta para irse porque ha demostrado no tener ningún tipo de escrúpulo cuando se trata de tapar algo tan grave con tal de mantenerse cómodamente en la poltrona. Nos provoca el enfado que una política que se ha dedicado a predicar que una imputación conlleva una dimisión no lo haga, amparándose en una supuesta caza de brujas, pero es todavía más nauseabundo que decida mirar hacia otro lado ante un monstruo que abusó de una niña de 14 años, ¡14 años!.

Se rasgan las vestiduras ante una violación pero callan si el violador es de su agrado. Del feminismo sólo quedan hoy unos cuantos gritos vacíos y el morado del que se apropiaron. De la corrupción moral de la izquierda queda otro cómplice: Ximo Puig. El presidente sabe lo que debería hacer, apartar a Oltra, pero no lo hace porque ello significaría apartarse a sí mismo y perder el Gobierno. Para el valenciano, esto es «una cuestión menor» que no afecta a su ejecutivo.

Señora Oltra, márchese a casa y llévese de la mano a Ximo Puig.