Ya no cuela

 Silbidos. Por Carlos Esteban

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Si la democracia es algo, es el alivio de que ya no tenemos que aguantar a un gobernante que no queramos. Por eso resulta tan extraño comprobar que los líderes electos de Occidente tienen, en conjunto, un respaldo popular patético, incluso cuando se les compara con algunos autócratas.

Es sabido que nuestro Sánchez no puede pisar la calle sin ser recibido con furiosos abucheos, pero otro tanto les sucede a Macron o Biden.

Una reacción de rechazo popular tan fuerte y consistente solo puede significar una de estas dos cosas, ninguna de las cuales es buena: o bien vivimos en una democracia formal pero no material, y de algún modo acabamos con líderes que aborrecemos; o el país está, no meramente dividido (eso es lo normal), sino acerbamente enfrentado, quizá de forma irreconciliable.