Ya no cuela

Sorber y soplar. Por Carlos Esteban

|

Sorber y soplar

Siendo el corazón de la postura política occidental más bien una posturita, una bondad declarativa hecha de ideas de lujo que de ningún modo interfiera en nuestros gustos ni exija el más pequeño sacrificio, es de razón que lo suyo -lo nuestro- sea intentar nadar y guardar la ropa, comernos la tarta y guardarla para mañana. Soplar y sorber.

Así, los organizadores del Mundial de fútbol quieren beneficiarse de la generosidad en petrodólares del emir y mantener al mismo tiempo las poses que nos hacen odiosos al resto del mundo. Hacemos que el campeonato internacional del deporte más seguido del mundo se celebre en un minúsculo país sin larga o gloriosa tradición futbolística, con condiciones laborales de semiesclavitud, que condena duramente a los homosexuales y se pasa los derechos humanos por la chilaba, pero pretendemos una heroicidad hueca a base gestos infantiles y pataletas muy medidas a toro pasado.

Si existieran eso que llaman ‘valores occidentales’, si pudiéramos aún enfrentarnos al resto del mundo desde la cúspide de una superioridad moral basada en realidades, en eso que se llamó antaño la virtud o, al menos, la fe, ni siquiera habría que rasgarse las camisas de Loewe porque no hubiéramos consentido en aceptar el soborno en primer lugar.

Pero estamos lejos de ello, y nuestras ‘creencias’ son ya no menos supersticiosas y aún más pintorescas que las que rigen en Catar, y merecemos sobradamente la respuesta que da un tuitero catarí a tanto sermoncito online:

“Por favor, cerrad la maldita boca sobre Catar. No tenéis ni idea de lo asquerosamente neocolonial que suena vuestro postureo moral. Ninguno de vosotros, ‘cheerleaders’ de los tecnócratas globalistas que habéis apoyado la vacunación obligatoria, que inoculáis a los niños, que clamáis por los confinamientos, tiene LA MENOR autoridad moral”.

Por supuesto, no cita lo verdaderamente escandaloso, como las leyes que permiten la castración de niños o la masacre de los hijos no nacidos. No, no estamos como para dar muchas lecciones a nadie.