Todo por la independencia, por Julio Ariza

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Nadie ha escrito que si la ERC ha ganado por vez primera a los antiguos convergentes es por la lucha de egos, superegos y pugnas  por el poder que se han producido en el seno del nacionalismo surgido de la vieja Convergencia y Unió.

Como es sabido, la vieja CDC se ha acabado dividiendo en dos formaciones políticas, la de Puigdemont y la de Artur Mas, es decir, respectivamente, el JxCat y el PdCat.

Pues bien, los de Artur Mas no ha conseguido representación parlamentaria alguna, pero sí han obtenido nada menos que 76.000 votos a costa de los de Puigdemont.

Dicho entras palabras: con 54.000 de esos 76.000 votos, Puigemont y JxCat le habría ganado las elecciones a la ERC.

Una guerra intestina entre independentistas (para los que lo primero, dicen, es la autodeterminación de Cataluña y su separación del resto de España) ha puesto por encima de los objetivos políticos el egoísmo y la soberbia de sus líderes.

Lo primero es, como siempre ha sido, la toma y conservación del poder, el manejo de los dineros y la lucha de egos. Esa es la historia del nacionalismo catalán. La que nadie cuenta.

Allá ellos.