Un año de una imagen que es historia: la bendición del Papa desde una Plaza de San Pedro vacía

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Ciudades vacías, aplausos en los balcones, emoción y angustia a la vez, y tantas personas sufriendo en todo el mundo: así se vivieron los primeros días de confinamiento a causa de la pandemia de la Covid-19. Todo era nuevo. Todo impresionaba al mundo. Y un año después es historia aquel recuerdo.

Pero si algo es realmente historia es una imagen: la del Papa Francisco caminando por la Plaza de San Pedro, con rostro conmocionado, disponiéndose a dar una bendición ‘Urbi et Orbi’ en soledad.

Hoy se cumple un año de aquella imagen que impresionó al mundo, a creyentes y no creyentes.

Iglesias cerradas y sin culto al público, streaming para participar de la Eucaristía, sacerdotes ofreciendo la Misa por tantos fallecidos que se sumaban cada día. Y el Papa los unió a todos. Unió todos los sufrimientos en un rostro que caminaba bajo la lluvia hacia un altar que siempre da respuesta al sufrimiento y sinsentido.

Y parece que el mundo se ha olvidado de aquella sensación, que nos dejaba a todos en la conciencia lo que de verdad queda al final del día: que el mundo es frágil, que nos necesitamos unos a otros, que el sufrimiento, compartido, duele menos. Que la Iglesia es Una, que la fraternidad es porque existe una Paternidad común.

En plena cuaresma, la iglesia universal atravesaba un desierto que siempre recordaremos: y en medio de ese desierto, aquella imagen del 27 de marzo de 2020, de una Plaza de San Pedro vacía, mojada por la lluvia, desde la que su Santidad realizó una bendición a todo el mundo.

“’¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?’ Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón». Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás”. Estas fueron algunas de las palabras que el Papa dirigió al mundo en aquella tarde.