Un discurso de Víctor Orban

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Reproducimos a continuación parte de un discurso de Vítor Orban, recogido por Julio ariza en su cuenta de Telegram.
Dice así:
“Pero si miramos alrededor del país, en todas partes veo jóvenes que aman a su país, que entienden el mundo, que hablan idiomas y que utilizan las últimas tecnologías con la mayor facilidad. Por eso Hungría tiene un futuro brillante por delante. Como está escrito en la Constitución, ellos harán que Hungría vuelva a ser grande.
Honorable Cámara,
Por último, quisiera decir que es importante que una nación conozca su lugar en el mundo.
No debemos ni sobrevalorarnos ni subestimarnos.
Hoy en día, Hungría no es el centro de una atención pública occidental inusual por su población, su ejército o su fuerza económica.
La razón de esta atención es que Hungría -junto con Polonia- se ha convertido en el último bastión cristiano y conservador del mundo occidental.
Nuestra forma de pensar en el mundo y en el futuro es diferente a la de la corriente liberal y globalista; y estamos construyendo nuestro país de una forma diferente a la que ellos están construyendo el suyo.
Es posible que podamos convivir unos con otros; al fin y al cabo, creemos en los beneficios de la competencia.
Pero hoy Bruselas aspira al absolutismo. O mejor dicho, hoy Bruselas es el símbolo de la búsqueda del absolutismo y la homogeneidad. La política, la gobernanza nacional -e incluso Europa- sólo pueden imaginarse y practicarse de una manera, dicen. Quien no marche al paso será castigado por la noche.
Hungría se rebela contra esto. No nos dejaremos doblegar. ¡Ugocsa non coronat! —Con estas desafiantes palabras, el histórico condado de Ugocsa se negó a aprobar la coronación de un nuevo rey en el Reino de Hungría—.
Pero, Señorías, reconozcamos también que en este proceso hemos hecho muchos amigos. Cada vez más personas sienten que Hungría es una isla de paz, una fortaleza de orden y seguridad, uno de los últimos reductos de libertad. No ocultamos que también queremos dar esperanza a los demás: esperanza de que la visión cristiana de la vida, el amor a la patria y el orgullo nacional -es decir, la política nacional- no son cosas del pasado, sino del futuro. Hace treinta años pensábamos que Europa era nuestro futuro; hoy pensamos que somos el futuro de Europa. Sintamos el peso de nuestra responsabilidad.
¡Que Dios salve a Hungría! ¡Dios por encima de todos nosotros, Hungría por encima de todo! ¡Vamos, Hungría, vamos húngaros!”