EDITORIAL

Un macartismo contra los no vacunados

Varias personas esperan unos minutos tras recibir la vacuna contra el coronavirus en Galicia. EFE / Brais Lorenzo
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Se ha desatado en el mundo una nueva caza de brujas; se ha creado un nuevo chivo expiatorio. La culpa de la conversión del Covi-19 en pandemia global ya no la tienen los laboratorios de Wuhan ni las autoridades chinas. La responsabilidad de no haberla detenido a tiempo ha dejado de ser de la OMS. El origen de la gran explosión de lo contagios ya ha dejado de estar en haber lanzado, por ejemplo en España, a miles de mujeres a una manifestación suicida -una bomba vírica- con ocasión del 8-M. No. La culpa de la expansión incontrolada del virus la tienen, según la avalancha informativa del simplismo progresista que gobierna los medios, aquellas personas que libremente han decido no vacunarse por ahora.

Son los nuevos «enemigos del pueblo» (utilizando el título de la genial obra de Ibsen). Se les señala, se les insulta, se les expulsa a la tiniebla exterior del fascismo y además se les quiere o vacunar a la fuerza o encerrar para siempre, convirtiendo sus hogares en prisión. Lo último de este nuevo macartismo sanitario, además de encerrar a los no vacunados y de hacerles responsables de lo males epidemiológicos del planeta, es exigir a los gobiernos que, si resultan contagiados, la sanidad pública no les atienda (es decir, hay que dejarles morir entre resuellos) o, que si les atiende, se les cobre debidamente por su tratamiento y curación (que se les arruine, pues).

Si la transmisión del virus se produce también entre los vacunados (siendo el valor añadido de la misma el de disminuir la gravedad de la infección) ¿porque los no vacunados tienen el monopolio de la culpa de los contagios?

Y una humilde pregunta más: ¿Habrá que decir a los fumadores que no se les atiende y que si les les atiende deberán pagar de su bolsillo los tratamientos? ¿Habrá que excluir de la sainad pública a los hipertensos que se empeñan en echarle sal a las comidas o los diabéticos que caen en la tentación de tomarse un dulce? ¿Debemos dejar de pagar con la sanidad pública los tratamientos de las enfermedades de transmisión sexual por el hecho de que sus contagiados no usaran preservativo? ¿No atendemos a lo enfermos de sida? ¿Hay que curar con cargo al erario público a los obesos, o es mejor decirles que dejen de comer? La lista es infinita.

Un sistema de sanidad pública es un sistema de solidaridades sanitarias, un pacto social gracias al cual los hipertensos pagan la cura de los diabéticos, los diabéticos la de los gordos, los obesos la de los fumadores, los fumadores la de los transmisores venéreos, éstos la de los que un día arriesgaron demasiado al volante y quedaron parapléjicos y todos los demás la de todos ellos. Todos pagamos lo de todos, y ese es el secreto del éxito del sistema, sin el cual la sanidad pública desaparece y se convierte en un sálvese quien pueda…pagarlo.

Lo que propone la izquierda macartista es destruir el sistema púbico sanitario.