Un testimonio de la «estúpida» muerte de Magallanes

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Sevilla, 1 abr (EFE).- El Archivo General de Indias ha elegido como documento del mes de abril el testimonio de un marinero que presenció la «estúpida por innecesaria» muerte de Fernando de Magallanes hace 500 años en las Filipinas, como se infiere de otras manifestaciones de la batalla en la que falleció el capitán general de la Armada de la Especiería.

Dentro del proceso judicial para reclamar la herencia de Magallanes, el griego Nicolás de Nauplia declara que en abril de 1521 estaba junto a él en un combate contra un reyezuelo local: «E lo vido matar de saetadas e de una lançada que le dieron por la garganta, e questa es la verdad».

«Solemos encontrar documentos encerrados en otros que son auténticos tesoros», subraya el Archivo de Indias en relación al testimonio del marino que vio cómo murió Magallanes, con el que tenía una especial relación y fue uno de los 18 que completó la primera vuelta al mundo ya bajo el mando de Juan Sebastián Elcano .

Beatriz Barbosa, la viuda de Magallanes, y el único hijo legítimo que habían tenido, Rodrigo, habían fallecido antes del regreso de Elcano en septiembre de 1522 con la nao Victoria, que portaba clavo y «la mala nueva de la muerte» del capitán general.

El pleito ante el Consejo de Indias lo inició el suegro de Magallanes, Diego Barbosa, «un exiliado portugués que había llegado a ser teniente de los Reales Alcázares y de las Atarazanas de Sevilla, así como ‘caballero veinticuatro’ (esto es, regidor) de la ciudad», recuerda el Archivo de Indias.

Barbosa murió en octubre de 1524 sin haber visto satisfechas sus pretensiones, pues el litigio fue pasando de sala en sala de justicia durante siete años, y su único hijo varón, Jaime, retomó el pleito en 1540.

Para ello llevó como testigo al marino griego, que en 1529 acudió en auxilio de los descendientes de Magallanes para contestar un interrogatorio ante un escribano público y el alcalde ordinario de Sevilla.

El marino, que entonces tenía 50 años, sabía que Magallanes había sido padre porque tuvo al hijo en sus brazos «muchas veces» cuando tenía seis meses, antes del comienzo del viaje a las islas Molucas.

Preguntado por cómo sabe que el capitán general murió en Mactán, el marino contesta que «porque este testigo estava a la sazón junto a él, a su lado» y vio la lanzada que le dieron en la garganta. «E no lo firmó porque dixo que no sabía escrevir», añade el documento con su testimonio, que es «poco conocido», añade el Archivo de Indias.

Hasta ahora, el relato más difundido del combate en el que murió Magallanes es el del cronista Antonio Pigafetta, que «revistió de épica» lo ocurrido con el capitán general y dijo que, «a pesar de haber sido alcanzado por flechas venenosas y varias estocadas, defendió la retirada de sus hombres heridos hasta los bateles, logrando salvar a muchos».

El histórico archivo subraya que después de la dura travesía del Pacífico, y tras contactar con los naturales de lo que luego serían las Filipinas, Magallanes «desarrolló una controvertida política que todavía hoy es objeto de debate para los historiadores».

«Contraviniendo las órdenes reales, que eran muy claras, se inmiscuyó en las enemistades de los reyezuelos locales, aliándose con unos, exigiendo el sometimiento de otros, y tomando partido en guerras que estorbaban el objetivo principal de la misión, que no era otro que llegar a las Molucas», añade el archivo.

Asociado a Humabón, el rey de Cebú, y a un cacique llamado Zula, se enfrentó a un enemigo de ambos, Lapulapu, «con una escasa tropa de medio centenar de hombres en Mactán». «Despreciando los consejos y la ayuda de sus aliados nativos, emprendió una escaramuza sin haber estudiado bien el terreno, y subestimando además las fuerzas enemigas».