Uróboro, por Carlos Esteban

Centeneras de personas pertenecientes a organizaciones feministas se concentran este sábado en la Puerta del Sol de Madrid pedir "el cumplimiento íntegro de la agenda feminista y la paralización y derogación de las leyes trans". EFE/ David FernandezCenteneras de personas pertenecientes a organizaciones feministas se concentran este sábado en la Puerta del Sol de Madrid pedir "el cumplimiento íntegro de la agenda feminista y la paralización y derogación de las leyes trans". EFE/ David Fernandez
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Si la izquierda moderna, libre ya de su dependencia con la clase trabajadora y, sobre todo, con la realidad, necesita un nuevo símbolo que sustituya a la hoz y el martillo (¿algún político socialista vio jamás una verdadera hoz, un martillo auténtico?) y al puño y la rosa, propongo el que mejor se ajusta a su naturaleza: el uróboro, la serpiente que se devora a sí misma.

Esa es la esperanza. La ‘derecha’, ese desarbolado pandemonium de banderías exiliadas del poder cultural, está inerme y neutralizada. Es, todo lo más, resistencia, guerra defensiva concienciada de su irrelevancia.

No, la liberación (parcial, como todas) vendrá por el desmoronamiento de las tribus progresistas, porque en su propia victoria combatirán entre sí por los despojos hasta la aniquilación.

Esta rivalidad latente se hizo carne el otro día, con una batalla callejera entre las feministas radicales de antaño y las ascendentes tropas trans, y confieso que viéndola me sentí como debía sentirse un español del siglo XVII asistiendo a una guerra entre Francia e Inglaterra.