Uropa

Creo que todos hemos hecho alguna vez en la infancia el experimento de repetir una palabra cualquiera una y otra vez hasta que pierde su sentido y se convierte en un sonido absurdo, carente de significado, el flatus vocis de los nominalistas. Nuestros mandarines juegan mucho a ese juego, y ya han conseguido, por ejemplo, que ‘democracia’ no signifique absolutamente nada, aunque siga sonando bonito.

También pasa un poco con ‘Europa’, que ha sido la coartada genérica de todo político español decidido a hacernos tragar ruedas de molino de tamaño descomunal. Europa, tal como la pronuncian, tal como flota sobre nuestro inconsciente colectivo, no es ese continente real, cargado con todas las virtudes y todos los pecados de nuestra historia, con países que se han odiado y combatido a lo largo de los siglos.

No, Europa, en sus ampulosas declaraciones, es esa mágica solución orteguiana, el lugar de Nunca Jamás, la Jerusalén Celeste que nos permite venerar el conjunto al tiempo que seguimos aborreciendo las partes. Europa es una suerte de inmaculada concepción, incapaz de pecar y paradigma de democracia.

Europa es el grito de guerra que aúna a izquierdas y derechas en un mismo rito de arrobamiento. Para el gobierno es la excusa, y para la oposición es la esperanza de que no llegue la sangre al río, en el peor de los casos, y así triunfa el mito según el cual “Europa” parará los pies a Sánchez y sus desmanes, le atará en corto.

Pero cada vez en Bruselas responden al saqueo sanchista con un guiño cómplice, porque Europa no se vota, y lo que no se ha votado tiene más poder que ninguna instancia electa. Como los ‘expertos’ y nuestra dama la Ciencia, ya tú sabes.

Ahí está doña Úrsula de nuestros pecados, la Rotternmeyer rubia y enlacada, que disfraza de eficacia germánica y pureza europeísta dejarnos sin postre cada vez que se le antoja. No es más democrática, no tiene mayor respaldo explícito de los pueblos europeos que el Zar de Todas las Rusias o el Sacro Emperador, pero se le aguantan más cosas por el acento y la sonrisa de acero.

Ahora nos quiere dejar sin Twitter si Elon Musk no pasa por el aro y deja de censurar todo lo que nuestros amos consideren censurable. Porque Uschi sabe que somos como niños pequeños a los que no se les puede dar libertad, que se desmandan, ni dejar que oigan cosas cuya mera exposición es pecado.