Víctimas de Anticorrupción II, por Xavier Horcajo

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Los aznaristas son plato de gusto de la Fiscalía Anticorrupción, con algunas severas derrotas para la élite de los fiscales que conviene escrutar.

El pasado jueves, un juzgado valenciano hundía la causa contra Francisco Camps por presunta corrupción durante la visita del Papa a Valencia. Otro náufrago en el océano de las “víctimas de Anticorrupción”. Más que causa, lo de Camps ha sido un via crucis; que se zanja a favor del crucificado. Eso sí, cuatro años “de banquillo” después. Dice la sentencia que “no hay indicios” de conducta delictiva por parte del dimitido Presidente de la Generalitat Valenciana. ¿Entonces? Tras lectura de la sentencia, y prescindiendo de tecnicismos, se aprecia que la Anticorrupción acusaba a Camps de una retahíla de delitos: malversación, prevaricación, etc. relacionados con no haber sacado a concurso una serie de servicios de la visita papal en 2006. Y vayan páginas y sumario. Pero resulta que lo organizó una Fundación privada llamada Fundación V Encuentro Mundial de las Familias (FVEMF). 

Pregunta: ¿Está obligada una Fundación privada a hacer concursos? Pues no, claro.

¿Eso no lo sabían los fiscales? Cuesta creerlo. Pero a ellos nadie les pasa cuentas. Otro sí sobre la “politización” del Ministerio Público: siete archivos o absoluciones lleva Camps a sus espaldas. Aún le quedan otras dos peleas contra Anticorrupción.

Mala fe

El peor de los casos de persecución política se produjo contra Ángel Acebes, tres veces ministro con Aznar y que dejó la política después de gestionar “P.I.” (Peor Imposible) los atentados del 11-M. Quizá si Acebes hubiera sido un buen ministro del Interior, Zapatero sería un inconnue. Pero eso, ya es pasado.

Acebes fue además secretario general del PP (hasta 2008), es decir pieza mayor y su caso el más escandaloso de las tropelías de Anticorrupción. Hablamos de la querella por la salida a Bolsa de Bankia, que mereció por Fiscalía y el instructor mantener imputación contra él de 2012 a 2020 por “apropiación indebida, falsedad documental, administración fraudulenta y delito de maquinación para alterar el precio de las cosas” en cuanto que miembro del consejo de la entidad financiera (Juzgado central 4 Audiencia Nacional). Todo empieza con una querella de UpyD; a la que -con cierta alegría-  se suman acusaciones particulares de lo más variopinto, de la CGT a ADICAE y otras. Acebes había dejado su escaño en 2011 y el 27 de julio de ese año se incorporó como consejero al Banco Financiero y de Ahorros (BFA), posteriormente Bankia y en abril de 2012 se convirtió en consejero de Iberdrola.

Imaginen todos los inútiles esfuerzos del abogado Acebes y de los abogados de Acebes en hacer valer en el juzgado que la acusación era injusta,en tanto en cuanto cuando el ex ministro llegó al consejo de BFA y fue vocal de la comisión de auditorias,  la compañía ya cotizaba en Bolsa ¿Un nuevo concepto: maquinar ex post? Nadie les hizo caso.

Acebes tuvo que renunciar a muchas cosas por su imputación, por ejemplo al consejo de Iberdrola. Y venga titulares, hasta el bendito día de la sentencia, a finales de septiembre 2020-. El texto afirma que no existe “ni la más mínima constancia” de su participación en los supuestos delitos, con frases que pasarán a los anales del malfacer de fiscales e instructores, como: “resultaría absolutamente insostenible asignar algún tipo de reproche a la actuación de….” Más  latigazos del sentenciador para con la Fiscalía,  la sala “no alcanza a comprender de dónde saca el Ministerio fiscal”. Vamos a quedarnos en el “la más mínima constancia, más bien todo lo contrario” (sic) de la sentencia, digna de reproducir en piedra y colocarla de frontispicio en el edificio de la calle Manuel Silvela, sede de la Anticorrupción. O si prefieren esta otra: “En base a todo lo expuesto resulta absolutamente insostenible reproche penal a Ángel Acebes” que obtuvo la absolución con todos los predicamentos tras nueve años de amarguras con ribetes de surrealismo. 

Siete años de acusado y uno de banquillo de trato discriminatorio, de indefensión por impericia o mala fe que la sentencia soslaya reconociendo un “bucle procesal de adhesión recíproca” que pone los pelos como escarpias. 

Pero, un momentito, habrá que recordar que la Fiscalía Anticorrupción decidió, el último día de plazo, disparar con perdigón fino e imputar a todos y cada uno de los 34 consejeros, sin matices. O que el primer fiscal Anticorrupción del caso -consciente de la chapuza indagatoria- pidió la absolución y archivo para Acebes. Sin embargo, un inoportuno cambio de fiscal titular (¿Alguien más politizado?) determinó su acusación.  Y, por último, el paradigma de trato discriminatorio: alguien utilizó a Acebes (recién llegado al consejo) para no imputar a otro consejero que si estaba en los momentos decisorios de la salida a Bolsa, Virgilio Zapatero, por entonces rector de la Universidad de Alcalá. 

Acebes ha vuelto al consejo de Iberdrola en octubre de 2020, muchos años después y ha recuperado su honorabilidad, pero esta sociedad no rehabilita y, además tiene que parecernos humano que al interfecto no le queden ganas.