Víctimas de Anticorrupción IV, por Xavier Horcajo

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El caso Conde.

Napoleón hizo inscribir Bailen, como victoria suya, en el Arco del Triunfo. Sin embargo, la Fiscalía Anticorrupción nunca podrá presumir de su actuación contra Mario Conde, porqué fue su Waterloo, sin ningún género de dudas. El 11 de abril de 2016, unos oficiales de la Guardia Civil llamaron a la puerta del domicilio de Mario Conde. Eran las ocho de la mañana, los agentes se identificaron como “policía judicial” y esgrimieron ante el Abogado del Estado, una autorización judicial de un magistrado la Audiencia Nacional, para registrar su domicilio.

Coincidiendo son esa operación meticulosamente organizada; de la Fiscalía Anticorrupción salía –minutos después de las 8,00h– un comunicado de prensa. Curioso porque era un asunto sometido al secreto de actuaciones por el titular del Juzgado 3 de la Audiencia Nacional. Los Fiscales de Anticorrupción navegaban a todo trapo. Incluso informaron del reproche penal a Conde: un blanqueo de más de 13 millones de euros. Aún más, mencionaron su posible origen en apropiaciones de Banesto y relacionaron éstas con Conde, sus hijos y otros colaboradores. La nota les acusaba de delitos de blanqueo, doce delitos fiscales, frustración de la ejecución y organización criminal. Todo eso produjo un gran impacto social. Un volcán del que salían portadas, aperturas de informativos y boletines de radio, lava humeante que dejaba a Conde en manos de Robespierre, con el ribete de “organización criminal”. Los medios de comunicación se alimentaban de Anticorrupción. El comunicado fue la espoleta mediática que permitió -más adelante- pedir prisión provisional incondicional, precisamente por “alarma social”. Si no fuera tan serio…

Fue esa comisión judicial la que decidió –durante el registro—que Conde y su hijo, habitantes habituales del chalé de la calle Triana, debían ser detenidos. Muy lejos de allí, le ocurría lo mismo a Alejandra, la hija del ex banquero. Unas horas después, su marido, Fernando Guasch, era detenido en la autopista. Le salieron al paso, mientras estaba de viaje. Alejandra Conde explicó que debía llevar a su hijo Fernando, al hospital porque ese día comenzaba un tratamiento de radioterapia especializada contra un tumor desmoide. Los agentes sabían de sobre todo aquello. Pero Alejandra acabó la larga jornada en las oficinas de la Unidad Central Operativa (UCO) en Tres Cantos, donde se entraba el resto de su familia y colaboradores.  En total, 8 personas detenidas, en lo que se mostró al pueblo como: un “clan criminal”.

El presunto clan sufriría tres días las incomodidades de los calabozos de la Guardia Civil. Quien piense que Conde, después de 11 años de prisión por lo de Banesto, era poco impresionable, se equivoca. Sus hijos estaban detenidos, él incluso podía ver, a través de un pequeño agujero en la pared, los nerviosos movimientos de los pies de su hija en su celda. 

No es el propósito de este trabajo conocer el fondo del asunto Conde, sino lo cuestionable de las actuaciones de la Fiscalía Anticorrupción y las instituciones que a su servicio pone el Estado para combatir el delito por si acaso han contribuido a destruir la esencia de la Ley.

Una pista: la Fiscal Anticorrupción, Elena Lorente y el teniente coronel al mando de la UCO, Francisco Almansa se presentaron en casa de Conde para controlar mejor lo que allí se producía. En el auto del juez instructor no se autorizaba a la fiscal a acceder al domicilio a registrar,. Ni mucho menos al teniente coronel de la UCO. Pero se hizo. Por cierto, Almansa (hoy coronel) había sido jefe de los servicios de seguridad de la Casa de S.M. el Rey, en pleno esplendor del Emérito.

El origen de las actuaciones es difuso. ¿Quién puso a la Fiscalía Anticorrupción tras la sospecha de Conde? La primera pista lleva a la Agencia Tributaria, donde llegó algún papel desde arriba. Un chivatazo, para los ordinary people y, para los avezados, algo huele a CNI, como escribió el periodista, Manuel Cerdán en Ok Diario. Este “hilo” va a complicarse. Sepan que Mario Conde estaba en tratos con una editorial para escribir un libro sobre sus relaciones con el Rey Juan Carlos. El proyecto tenía título provisional: “Mi amigo el Rey”. ¿Es una conjetura o es la clave que lo explica todo?

Volvamos a los papeles. Antes de las detenciones hubo un informe del SEPBLAC (Servicios prevención del blanqueo de capitales del Banco de España) analizando los movimientos de las sociedades de la familia que concluía que no se apreciaban indicios para acusar de blanqueo a los Conde. El juez instructor siempre se opuso a incluirlo en la causa “por ser de carácter secreto”. Pero eran tiempos en los que el juez instructor y la Fiscalía se llevaban bien. La Fiscalía Anticorrupción hizo caso omiso al informe SEPBLAC y ordenó la investigación a la UCO. El teniente Israel Neira y su superior, Almansa presentaron a Fiscalía un informe con tal apariencia de delito que dejase fácil a Anticorrupción, pedir la prisión incondicional. Ese parecía el “target”.

El teniente Israel Neira abrochó a los colaboradores de Conde: “No iréis a prisión si develáis donde está el dinero de Banesto”. El abogado Javier de la Vega, que trabajaba para Conde, se negó y recibió de Neira un: “Pues entonces lo tienes muy mal. De la Vega, muy mal”. Fue un disparate de interrogatorio muy del estilo de un Philip Marlowe de tapa blanda. Luego resultó que De la Vega era colaborador del CNI y que de en su despacho fue intervenido algún “documento confidencial” (No es un delirio). Volveremos al teniente Neira.

Llegó el “día grande”, los Conde comparecían ante el juez Santiago Pedraz. Se cumplieron los pronósticos del teniente Neira: prisión para Conde,  para su hija y para el abogado De la Vega. La comparecencia puso sobre la mesa judicial la opinión del Acusado principal: El dinero detectado no tenía nada que ver con Banesto y podía probarlo. Él no presentaba riesgo de fuga, tras 22 años de sometimiento a lo más duro de la ley. La Fiscal Elena Lorente pidió prisión y el instructor accedió. Nota: el juez Santiago Pedraz emitió un tweet en su cuenta personal con el auto que enviaba a prisión a Conde. Lo retiró pronto, consciente de su imprudencia, pero quedó algún que otro pantallazo para probarlo.

La prisión duró tres meses. Mientras el letrado de Conde (ex fiscal de la Audiencia Nacional), Ignacio Peláez (Epd)  fue a Suiza, habló con el Banco de Conde y advirtió al juez Pedraz de que el banco suizo enviaría la documentación certificada al juzgado que probaba lo declarado por Conde. Aquello abrió un espacio de duda razonable, tanto que Pedraz dictó auto de libertad bajo fianza de 300.000 euros para Conde y de 250.000 euros para Alejandra, su hija.

Anticorrupción y la UCO se empezaron a preocupar. Las fianzas eran ridículas, a sus ojos. Promovieron la designación de un perito a la Agencia Tributaria y el designado fue José Hernani Lacasa. Casi dos años de estudio y Hernani produjo un primer informe: Si lo que dice Conde sobre el origen de los fondos fuera cierto, no habría ni blanqueo, ni delito fiscal, ni organización criminal.

La preocupación condujo a un estado de enfado mayúsculo, tanto en Anticorrupción como en la UCO. El teniente Neira llamaba a declarar a su despacho a diferentes personas bajo la amenaza de incorporarlos al elenco de imputados, si no acudían. La defensa de Conde lo denunció ante Pedraz y éste lo cortó de cuajo. Dictó una “providencia urgente” que ordenaba cesar este tipo de actuaciones. La UCO quedó con el culo al ras y Anticorrupción buscaba en la chistera a un nuevo perito que contraponer a Hernani Lacasa. Al tiempo, Conde reclamaba una comisión rogatoria a Suiza para que los Fiscales suizos le investigaran allí.

Hernani Lacasa presentó su informe definitivo que se resumía en: “no hay delito alguno”. Los representantes de Anticorrupción, Elena Lorente y Miguel Serrano (hoy conocido por ayudar a los abogados de Podemos, junto a su colega Ignacio Stampa) trataron de desautorizar al perito, aun a pesar de que lo habían propuesto ellos.  Hernani concluyó  el tenso interrogatorio: “Mire señora Fiscal, da igual que el dinero sea del señor Conde, de su mujer, o de sus hijos. Elija usted el escenario que quiera. En ningún caso hay delito”.

Después de esta declaración del perito, El País publicaba que Pedraz estudiaba archivar la causa contra Conde. La furia de Anticorrupción los llevó a cometer un error: tratar de meter con calzador a un perito fiscal afín, Pedraz no picó e incluso dejo constancia de la maniobra de Anticorrupción. El Fiscal Jefe advirtió a Pedraz de que, si archivaba, ponía el prestigio de Anticorrupción al pie de los caballos. Pedraz confesaba a un periodista amigo: No tengo más remedio que archivar y no sé lo que hará Conde después de lo que le han montado sin motivo. Y el instructor archivó el caso. Fiscalía lo recurrió en un escrito repleto de reproches a Pedraz, por “cerrar en falso” y al perito fiscal, tratándolos de  prevaricadores, aunque parezca inaudito. La defensa de Conde les acusó de “mentir, engañar y ocultar”, incluso de silenciar “pruebas ilícitas”. 

El auto de Pedraz resultó inatacable; a pesar de que los teléfonos de las cúpulas del CNI, Fiscalía, Ministerio de Justicia y de interior, hicieron toda la presión que se puedan imaginar, pero los argumentos de Anticorrupción no tenían la menor consistencia y naufragaron.

Por el camino, los Conde vivieron tres años con las cuentas bloqueadas; sus bienes embargados; su crédito financiero arruinado;  los bancos les expulsaban por presunción de blanqueadores;  perdiendo clientes y despidiendo trabajadores. Además de resistir una presión emocional terrible; tuvieron que vivir del préstamo de algunos amigos. Por esa razón, presentaron reclamaciones al Estado por daños y perjuicios, por importes que alcanzan -en junto- más de 40 millones de euros. 

RECOPILANDO: Sabemos que Anticorrupción a veces sufre de contagios políticos; otras de obedecer ordenes bastardas; en ocasiones, de servir a intereses profesionales, pero el caso Conde acabará -no con Fiscales fuera de la carrera o investigados- sino con un cargo a los sufridos contribuyentes por su impericia o su mala fe. Encima nos cuestan dinero.