Aló, Presidente

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Aventura esta mañana la portada de ABC que “Iglesias prepara su salida de la política para trabajar con Roures”, y nuestra duda es doble: si alguna vez ha dejado de trabajar con Roures y si de verdad trabajar en una televisión supone salir de la política o es, por parafrasear a Clausewitz, la continuación de la política por otros medios.

Es un cliché el del chico que en la universidad se hace radical -maoísta, o así-, para volver a la normalidad política cuando toca tierra en la vida real. El problema de Pablo Manuel es que nunca ha salido de la universidad, que vive en una perpetua asamblea de facultad, donde su misión es siempre oponerse a lo que haya en nombre de una vaga revolución que secretamente espera que nunca llegue, porque eso obligaría a concretar.

Y gestionar, que es la cosa más aburrida del mundo. Al menos para un demagogo vocacional hiperactivo, algo tan parecido a un pirómano. Fuego ha venido a traer a España, ¿y qué ha de querer, sino que arda?

Es, por eso, culo de mal asiento, y se cansa de Europa y se aburre del ministerio y ya me dirán, después de eso, cuánto podría dedicar a la asamblea de Madrid. De Chávez, del que tanto se habla en conexión a nuestro hombre, tengo para mí que nada envidiaba más que el Aló, Presidente.