¿De qué nos sorprendemos? Por Javier Villamor

Imagen: Gage Skidmore.
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Veo y escucho a muchas personas de distinta índole clamar al cielo desesperadas por lo ocurrido el 6 de enero en Washington con el asalto al Capitolio. Unas dicen que es el fin del movimiento provida, otras que no se puede hacer nada. Igual peco de optimista: en el caos siempre hay una oportunidad.

Han pasado cuatro años desde que Donald Trump tomase el poder en Estados Unidos y la esperanza invadió los corazones de millones de personas en todo el mundo que se rigen por los pilares (más o menos) de Dios, Patria y Familia. No voy a negar que yo también me vi arrastrado por ese ímpetu frente a unos años de apabullante dominancia de una izquierda cada vez más globalista, más violenta y más dictatorial. Las cosas como son.

Desde hace mucho tiempo veo y siento que todo en este mundo está atado y bien atado. Que en política nada hay casual y todos los acontecimientos pasan uno detrás de otro como en cualquier guión de película. Puede haber algún sobresalto para el espectador, pero todo sigue su rumbo como el agua sigue el cauce del río. Es la sensación de estar en una barca de la cual no se tiene el control y al que tampoco te dejan acceder.

Este impás trumpista me había hecho olvidar esa visión del mundo y había vuelto a confiar (no sé si esa es la palabra) en un sistema cuya etiqueta de “democrático” parece más digna del frontispicio podrido de un edificio abandonado más que de una palabra viva.

Desde las últimas elecciones en nuestro país con Pedro Sánchez y compañía, y el fraude más que evidente en las de Estados Unidos (“plandemia” de por medio), me ha venido a la mente la imagen recurrente de mi abuelo paterno. Dedicaba horas y horas al día a jugar al ajedrez. Yo, niño ignorante, no entendía cómo alguien era capaz de pensar en tantas variantes de cada jugada con tal de vencer a una máquina.

Eso era antes, y ahora entiendo el porqué de esa imagen en mi cabeza. Como periodista, siempre me ha gustado pensar en la “cara B” de las cosas: ¿cuál es la motivación de esta o aquella persona?, ¿quién se beneficia?, ¿esta pieza en qué parte del puzle encaja?, etc. Sin saberlo, he estado jugando constantemente a una partida de ajedrez informativa en mi cabeza soñando despierto distintas situaciones con sus agentes involucrados, diversos análisis conceptuales de las cosas.

Hoy en día, este ejercicio mental y sus conclusiones algunos lo llaman “teorías conspirativas”; otros, “thinking out of the box” (pensar fuera de la caja). Sencillamente creo que es una forma de pensamiento independiente de toda propaganda política o mediática. Esto te da la tan ansiada independencia como ciudadano. Paz mental, en definitiva. Me importa un bledo lo que piense la gente de los razonamientos que tenemos muchos de nosotros, ni qué decir de la opinión que tengan de nosotros como personas. Por eso me he hecho esta pregunta estos días con lo acontecido con Donald Trump y Estados Unidos: ¿de qué nos sorprendemos?

Sabemos que una camarilla de hienas internacionales, muchas de ellas apátridas, han diseñado nuestra Matrix desde hace décadas, por no decir siglos. Sabemos que como ciudadanos comunes no tenemos el poder de cambiar las cosas (lo del chiste de que cambiamos el mundo con nuestro voto mejor lo dejamos para otro momento), sabemos que las grandes revoluciones de los últimos tres siglos han sido promovidas desde altas esferas en su mayoría (guerras civiles en el Imperio español, revoluciones comunistas, revoluciones sexuales…), sabemos que las crisis son provocadas para mayores concentraciones de poder… Entonces, ¿de qué nos sorprendemos?

El Foro Económico Mundial publicó recientemente sus “previsiones” para el año 2030 entre las que se incluían la pérdida de hegemonía de Estados Unidos en favor del polo asiático (China, para que nos entendamos) y el fin de la predominancia de los valores occidentales (podemos entender esto como la libertad intrínseca del ser humano, los derechos de todos los ciudadanos, la libertad de expresión…), Esto que para algunos puede ser una locura, no lo es tanto si vemos cómo se está actuando desde determinados entes supranacionales. En los últimos años hemos visto una gran erosión de nuestras libertades más básicas como las de expresión y pensamiento -todo bajo el sacrosanto concepto de “delito de odio”-, censura o ridiculización de ciertas posturas en medios, censura en redes sociales y en los centros de enseñanza y un largo, larguísimo etcétera.

El mundo está dando pasos hacia una dictadura global dominada por una serie de empresarios con más empatía por sus cuentas bancarias que por el bien común de toda la humanidad. 

¿De qué nos sorprendemos con la, por ahora, caída de Trump? ¿Nos servirá esta zancadilla momentánea para entender que no podemos esperar nada de los sistemas políticos actuales, muchos de ellos regados de dinero público para comprar la voluntad de propios y extraños? 

Hace tiempo que se perdió el honor y el decoro en la vida pública. Vivimos en el reino de la mentira, la manipulación constante y la propaganda. Cada vez que damos un paso hacia adelante en la comprensión del mundo, los que lo dirigen ya han dado 1.000 en todas direcciones. 

Si seguimos apegados a entender la realidad con nuestros sentidos, especialmente la vista, nunca llegaremos siquiera a atisbar ni de lejos toda la complejidad que implica un mundo como el actual: operaciones psicológicas (psyops en inglés) para programar el pensamiento mediante trauma, agencias de inteligencia y contrainteligencia, medios de propaganda y desinformación que te presentan el mundo como blanco o negro, sistemas educativos diseñados para adoctrinar y no para enseñar a pensar, guerras híbridas económicas, tecnológicas… La lista es demasiado larga.

Perdonen ustedes que me lie a explicar todo esto, pero creo necesario dejarlo muy claro para que entendamos de una vez por todas que lo que vemos es solo la punta del iceberg de otros acontecimientos que sacuden nuestra realidad como si del choque de placas tectónicas se trataran.

No hay nada fortuito en política, por lo tanto, ¿de qué nos sorprendemos? Dejemos de pensar como ellos quieren que pensemos y atrevámonos a ver la realidad desde el otro lado del espejo. Nos llevaremos menos decepciones y sorpresas, podremos anticiparnos a ciertas jugadas y, sobre todo, podremos pensar con muchísima más claridad.

Esta es la ventana de oportunidad. No podemos dejar toda una causa en manos de una persona ni de un solo frente. Mientras millones nos hemos centrado en Estados Unidos, cientos de operaciones se han hecho a nuestras espaldas avanzando agendas abortistas como ha ocurrido en Argentina y se va a intentar en toda Iberoamérica.

Las élites crean constantemente cortinas de humo. Cuando nos dicen que miremos para un lado, debemos mirar para el otro. Así, espero, dejaremos de sorprendernos. 

Por Javier Villamor.