Despertad

|

El primer instinto del hombre es fiarse, y la democracia exige el contrario, recelar.

La democracia muere cuando escasea un tipo humano, cuando el vigía se cansa y se queda dormido, cuando el ciudadano cede los trastos a ‘los suyos’ y va a lo suyo, porque el enemigo no es nunca el problema, lo es el traidor, y porque el libertador de hoy es siempre el tirano de mañana si la vigilancia no es constante.