El futuro ya está aquí

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La cosa es tan ridícula como imaginar al Kaiser Guillermo reuniendo en 1910 un comité de expertos que diseñaran lo que sería Alemania en 1940. Tengo para mí que no acertaría demasiado, no sé.

Pero Pedro, que no ha sabido prever la invasión de Ceuta por casi 10.000 marroquíes, nos quiere contar cómo vamos a vivir en 2050 con una curva elaborada por el más perezoso y aburridos de los redactores de TFG que el tuitero @gonnassau califica como “la primera representación gráfica de una novena a San Judas Tadeo”.

Chesterton (siempre Chesterton) entendía la moderna obsesión con el futuro y el desprecio del pasado como una huida y como una forma de narcisismo. El pasado, al fin, es una pared llena de nombres gloriosos, de hazañas inigualables y logros heroicos o terribles en la que es difícil colar el propio nombre sin resultar disminuido; el futuro, en cambio, es un espacio en blanco donde se puede dibujar nuestro nombre en letras tan grandes como se quiera. Y que a nuestro Pedro le gusta ver su nombre bien grande no es exactamente un secreto.

Lo que les gusta del futuro es precisamente que no es real, porque el progresismo hoy es una adoración de lo irreal, una doctrina de expertos que traducen al politiqués y pasan a PowerPoint los vídeos de Disney de su infancia.

El futuro es una magnífica distracción, el Nuncajamás con que se encandila al niño que se va a la cama sin postre, y eso ya es un objetivo urgente.

Pero hay otros objetivos en toda esta fantasía, algo más siniestros y con respecto a los cuales Pedro es solo un comparsa, una marioneta, un dócil sicario. Y ese es hacernos a la idea de lo que las élites nos preparan, ya saben: no poseerás nada y serás feliz.

Lo que nos preparan es la combinación más demencial del socialismo real del siglo XX y el capitalismo transnacional monopolístico y de amiguetes que ya se ha asentado en nuestro tiempo, la tiranía de la gente de cualquier parte sobre la gente de alguna parte.

Veamos: comeremos carne muy excepcionalmente, como hoy ostras o caviar beluga, no habrá puente aéreo ni apenas vuelos comerciales, compartiremos coche (si eso) y no podremos comprar aparatos electrónicos sino cada diez años. Vamos, que Sánchez no solo ha desenterrado a Franco sino que nos prepara la España de posguerra, solo que sin cohesión social, crecimiento constante, familias sólidas y una saludable tasa de natalidad.

Todos, creo, sospechamos de qué va esto. Sánchez tira de Falcon para ir a un concierto de The Killers y se gastó más de 6.000€ en jamones de bellota en el 2019 sin actos públicos. No va a dejar de hacerlo. No él: toda la élite. La idea es un sueño feudal sin suavizar por una moral cristiana, sin fe, sin honor y sin lealtad, una sociedad donde los poderosos puedan, al fin, dedicarse a pasarlo estupendamente sin tener que compartir privilegios con la chusma.