El nuevo Frente Popular y el oro de Moscú

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, Imagen de archivo, Europapress.
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A mediados de septiembre de 1936, milicianos a las órdenes de Largo Caballero vaciaron los sótanos del Banco de España donde se atesoraba la tercera reserva de metales preciosos mayor del mundo: más de 700 toneladas de oro, cuyo valor ascendía a unos 5.250 millones de la época, además de plata y depósitos privados.

De las 10.000 cajas que se llevaron 7.800 se cargaron en buques soviéticos con destino al puerto ruso de Odessa. Otras 2.000 cajas acabaron en París. Y de las 200 cajas restantes se la repartieron los líderes del Frente Popular. De todo ese oro no se ha podido recuperar ni una sola onza…

Para poder acuñar moneda una vez terminada la guerra fue necesario dotar de nuevo las reservas. Se hizo gracias al generoso esfuerzo de muchos españoles que donaron sortijas, cadenas y otros objetos de oro. Muchas familias no tuvieron posibilidad de donar nada: la ‘Caja general de reparaciones de daños derivados de la guerra civil’, el órgano de expoliación del Gobierno de Largo Caballero se había encargado de sustraerles todas sus obras de arte y joyas.

De esos bienes incautados por el Frente Popular –que incluían también objetos históricos de iglesias y catedrales– una parte fue recuperada por las tropas de Franco en el Castillo de Figueras y restituida a sus propietarios. El resto engrosó el llamado tesoro del yate Vita, en el que se transportó hasta puerto mejicano de Veracruz, con el supuesto objetivo de aliviar el exilio de los líderes del Frente Popular. Pero se lo repartieron Indalecio Prieto del PSOE y el comunista Juan Negrín.

El valor económico del tesoro del Vita, obtenido en los saqueos practicados durante la Guerra Civil, es incalculable, pero –a partir del inventario que realizó Amaro del Rosal– varios historiadores lo han estimado en cerca de 5.000 millones actuales.

Los 25.000 millones que suman ambos robos son sin duda una cantidad muy respetable, que podría solucionar hoy las penurias de buena parte de la población. Todos los españoles mentalmente sanos sentimos una mezcla de indignación y vergüenza cuando recordamos estos capítulos de la historia. ¿Deberíamos recordarlo más a menudo?

Cada año nos roban varias veces el oro de Moscú

Tal vez, pero no tiene sentido calentarnos por algo ocurrido hace 84 años y que no nos enerve las más de dos veces que cada año nos vuelven a robar todo el oro de Moscú y el tesoro de Vita juntos.

Desde los inicios de la pandemia, Julio Ariza viene reclamando con insistencia en El Toro TV la necesidad de presupuesto base cero con el se exija la justificación y oportunidad –tras una escrupulosa revisión previa– de todas y cada una las partidas. Es el único procedimiento con el que se podría suprimir el derroche y la corrupción que se repite cada año. De este modo, podrían disponerse los fondos necesarios ayudar a todos los españoles que no pueden ayudarse a sí mismos y garantizar la subsistencia a la parte más empobrecida de la nuestra Sociedad.

Lo cierto es que nunca la población española ha estado tan necesitada de ayuda desde los tiempos de la Guerra Civil. La pésima gestión que ha realizado el Gobierno neocomunista de Sánchez ha arruinado cientos de miles de empresas y diezmado la economía de la mayor parte de las familias. Incluso los augurios más favorables alertan del drama que se vivirá en los próximos meses. El número de personas desocupadas está muy próximo a batir un récord histórico y, por desgracia, de seguir así terminará causando más bajas el drama económico que el virus chino.

El panorama que se está viviendo en la calle es desolador. El testimonio de Conrado Giménez Agrela, presidente de la Fundación Madrina, parte el alma de cualquier bien nacido que lo escuche: padres de familia que han perdido el empleo, se han quedado sin los ahorros, y están perdiendo la vivienda e incluso que en esta situación de pobreza le han sido arrebatados los hijos.

Ante la dramática situación a la que se enfrentan los ciudadanos en un número que crece exponencialmente, los políticos continúan comportándose con una insultante falta de humanidad. Delapilan nuestros recursos con una inquina imperdonable. Y las ayudas no están llegando a los más necesitados.

Nunca como ahora su contribución a alguna de estas entidades de confianza, como Fundación Madrina o Cáritas Española, podrá hacer tanto bien. Nunca le costará tan poco salvar vidas. Merece la pena hacerlo. Pero también debemos poner nuestro esfuerzo para que esta sangría se detenga.

Varios economistas han valorado recientemente el importe que el conjunto de los españoles pagamos cada año en sobrecostes políticos, despilfarro y corrupción. Es una cifra que no ha cesado de crecer en los últimos lustros. Jose María Gay de Liébana, por ejemplo, la estimó en 45.000 millones anuales a principios de este año, antes de la formación de este Gobierno neocomunista, el más caro de la historia. Según estudios recientes del Foro Séneca hoy podrían llegar a ahorrarse hasta 100.000 millones de euros de los 600.000 millones del Gasto Total de las Administraciones Públicas.

¿Es este despilfarro el único problema?

Unos presupuestos para aniquilar España

Ni mucho menos.

El diseño de los presupuestos que se están tramitando persigue el mismo fin que la política económica del Ejecutivo durante todo este año: arruinar nuestro tejido productivo. Y no sabemos todavía cuales serán las cesiones que acompañarán su aprobación final.

Sería ingenuo creer que este Gobierno neocomunista ha querido negociar los Presupuestos Generales del Estado con Podemos, Bildu y los independentistas solo con el fin de alargar la legislatura y mantenerse en los escaños azules del Parlamento. Este pacto infame ya era uno de los objetivos de Pedro Sánchez desde el 22 de enero, cuando regresó de Davos.

El Ejecutivo quiso mantener abiertas las puertas al SARS-CoV-2 durante los meses de enero a marzo, a la vez que ocultaba los contagios reales que se iban produciendo en España, negaba la utilidad de la mascarilla como medio de protección individual y escondía todas las alertas del Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades, del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, de la OMS y del Departamento de Seguridad Nacional que recomendaban la adopción urgente de unas medidas de contención que no llegaron hasta mediados de marzo, cuando la pandemia era incontrolable y los muertos se contaban en miles diarios.

El sometimiento de la población al confinamiento más rígido y largo, causante de un profundo daño económico fue la primera medida que adoptaron. Y, cuando nuestros vecinos europeos impulsaban políticas de estimulo para la protección de los sectores esenciales de su economía, el Gobierno neocomunista español trabajaba en su destrucción. El sector del turismo, la hostelería y la restauración con el mayor peso en nuestro PIB iba a ser su principal víctima. Así lo demostraron en el mes de mayo y lo han seguido haciendo hasta hoy.

¿Puede a estas alturas sostener alguien con sensatez que la nefasta gestión de la crisis sanitaria y económica responde exclusivamente a la incapacidad de nuestros gobernantes? Con obsesiva diligencia tratan de restringir nuestras libertades y de demoler los valores en los que se asienta nuestra nación y ¿vamos a suponer que cobijan alguna buena intención para las empresas y para las familias?

Con el Parlamento controlado por las minorías que pretenden destruir nuestro país, los diputados de Ciudadanos mansamente entregados, la oposición del Partido Popular completamente desactivada, la justicia dependiente del Gobierno, los medios de comunicación comprados y los discrepantes censurados, estamos viendo como más de cien mil negocios han cerrado sus puertas y otros tantos no podrán evitar el mismo fin. A las colas del hambre se está sucediendo un número creciente de suicidios por desesperación.

¿No creen que ha llegado el momento de que el pueblo se levante y salga a la calle para decir BASTA?