Garantía contra el fascismo

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En su lecho de muerte, el emperador Septimio Severo tuvo un solo consejo político que darle a su hijo y sucesor: “Paga bien a las tropas y despreocúpate de todo lo demás”. Hoy esas tropas las forman los medios de comunicación, pero el consejo es igualmente válido.

El poder está tomando nota, y no va a olvidar; por eso lo peor de lo que nos pasa no es lo que nos pasa sino lo que previsiblemente nos va a pasar. Han descubierto, para su delicia, lo facilones que somos.

Lo importante es que no llegue el fascismo, y ya nos ha dicho la de Cabra que hablar mucho de libertad lleva directamente a Auschwitz, así que es mucho mejor cerrar el pico y hacer siempre lo que diga el gobierno, que todo el mundo sabe que no hay mejor salvaguarda contra el fascismo que darle al gobierno todo el poder sobre nuestras vidas.

Leo y veo y escucho a medios y gobernantes de comunidades autónomas aterrados ante el fin del Estado de Alarma, implicando que todos vamos a morir si no sigue Sánchez velando por nuestra seguridad y microgestionando nuestras vidas de modo que no caiga un solo pelo de nuestras cabezas sin su supervisión. Después de todo, no lo ha podido hacer mejor, ¿cierto?

Y la misma foto, repetida hasta el hartazgo, demostrando que los jóvenes, hoy minoría aherrojada y obediente, se toman el brazo en cuanto les das la mano y confunden la libertad con el libertinaje, que diría probablemente el Padre Ripalda. Mis ojos viciados por el postfranquismo, en cambio, ven un jolgorio no muy distinto del de cualquier noche de fin de semana con buen tiempo, quizá recrecido con el entusiasmo del preso que ya ha cumplido condena.