Imagine

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La revolución no es unos tipos decididos a hacer las cosas como nunca se habían hecho antes, sino unos tipos convencidos de que la realidad es distinta de lo que se ha sabido siempre.

Cosas muy elementales, como que los incentivos que siempre han funcionado no funcionan.

Uno puede imaginar que el panorama que pinta Imagine, esa canción que se ha convertido en la respuesta estándar a las agresiones a nuestras sociedades, es deseable. Personalmente me parece un infierno, pero eso no viene al caso. Lo que viene al caso es que sus beneficios solo serían posibles si todos los individuos que conforman la humanidad estuvieran de acuerdo, lo que resulta extremadamente improbable. Y si tú decides que no hay posesiones pero tu vecino opina lo contrario, vas a tener un problema.

En la fantasía oficial e impuesta en nuestro mundo, la respuesta ‘humanitaria’, la cesión, no solo es la única lícita, sino que se espera de ella que conmueva y convenza a nuestro enemigo para que cese en su agresión. En el mundo real, como ha sabido toda la humanidad durante todo el tiempo hasta hoy, el caso es exactamente el opuesto: el supuesto gesto de bondad se ve como lo que es, un indicio de debilidad, y esa es la señal del ataque.

Estoy por pensar que cada vez que los enemigos de nuestra civilización escuchan los primeros compases de Imagine al piano les suena como una trompeta llamándoles al combate.