La bendición de los indultos, por Carlos Esteban

Los presos independentistas saludan a los simpatizantes que se han congregado a las puertas del centro Penitenciario de Lledoners, poco después de haber abandonado la cárcel este miércoles después de que el Tribunal Supremo ha ordenado su excarcelación en aplicación del indulto parcial del Gobierno, que conmuta el tiempo que les quedaba por cumplir de las penas de entre nueve y trece años de prisión. EFE/Susanna SáezLos presos independentistas saludan a los simpatizantes que se han congregado a las puertas del centro Penitenciario de Lledoners, poco después de haber abandonado la cárcel este miércoles después de que el Tribunal Supremo ha ordenado su excarcelación en aplicación del indulto parcial del Gobierno, que conmuta el tiempo que les quedaba por cumplir de las penas de entre nueve y trece años de prisión. EFE/Susanna Sáez
|

No me apedreen, pero yo creo que lo de los indultos ha sido una verdadera bendición. Me explico.

Conocen la metáfora de la rana viva en el agua hirviendo, ¿verdad? Pues esto ha sido como subir de golpe la temperatura. O, si están hartos de este símil, como la crisis súbita que nos lleva a urgencias, donde nos diagnostican un cáncer.

El cáncer se ha mimado desde que tengo memoria, ante la indiferencia general, o ante una indignación de tan baja intensidad que apenas se registraba en el sismógrafo electoral.

Sánchez es un epifenómeno, y es estúpido centrar en él todas nuestras iras. Sucedió con Zapatero, que suscitó tal aversión que su fracaso electoral nos hizo confiar en que la pesadilla había acabado. Y no, que lo nuestro es como una de esas sagas de terror en las que el monstruo parece haber muerto al final de cada entrega, para reaparecer más fuerte a la siguiente.

Esto se ha ido incubando con paciencia durante décadas, y lo menos que se puede decir de esta crisis es que ha abierto muchos ojos. Ahora lo importante es que no se vuelvan a cerrar.

Hemos sabido, de golpe, hasta dónde llega la gangrena antiespañola, como también hasta qué punto el PSOE se ha convertido en una mafia o hasta dónde llega la podredumbre de nuestro panorama mediático o cómo el Ejecutivo se ha comido enteros todos los demás poderes y la sociedad civil de postre.

Si esto puede revertirse es debatible; que sería imposible si seguimos remoloneando, no.