La cumbre

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¿Cuántos dedos ves aquí, Winston? Esa es la pregunta.

Durante tanto tiempo han pintado para ti cuadros perfectos, han torcido estadísticas e inventado historias plausibles y elaborado argumentos tramposos de gran artificio y mérito para convencerte.

Pero, ¿de qué vale la lealtad del convencido? Se debe al argumento, no al poder; no es leal al amo, sino a lo que cree una evidencia. Por eso, lo importante es cuántos dedos ves aquí.

Ve cinco y di que cuatro, o seis, o los que te digan, y serás de confianza, porque los cómplices son más seguros que los partidarios.

Mira a Sánchez pegándose como un yonqui pedigüeño a Biden (¿en qué mundo estará Biden, en medio de qué nieblas?) y siguiendo sus pasos veinte segundos, y escribe que aquello fue un cálido y provechoso encuentro, una verdadera cumbre, por qué no. Estarás diciendo que eres suyo, que le pertenecen tus palabras como la daga de un sicario a sueldo.

Contempla cómo indultan a unos golpistas impenitentes deseando reincidir cuyos votos necesitan para seguir en el machito y declara, solemne, que es generosidad y ansias infinitas de paz. Hay que poner un plato en la mesa, y se vive mejor a la sombra de los que mandan.

¿Cuántos dedos ves aquí, Winston?