La maldita siesta

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La confianza elemental, virtud imprescindible en las relaciones sociales y en el mercado, es fatal en la política, al menos en democracia.

El sistema entero se basa en lo contrario, en el reconocimiento de que nadie tiene más posibilidades de convertirse en el tirano de mañana que el libertador de ayer, en un recelo vigilante, en el saber que toda libertad es frágil y todo derecho, provisional sin una defensa continua.

Un régimen de libertades no puede prosperar en un pueblo perezoso, una ciudadanía que olvida que lo que el poder vende como permanente es pasajero, y lo que anuncia como provisional es permanente.