Sursum corda

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La mayor tentación del que resiste es también el único pecado que no se le perdona: la desesperanza. Es el mismo error, en negativo, que provoca invariablemente la caída del poderoso, un fatalismo cegador que propone una historia ya escrita del futuro en la que él ocupa el lado correcto.

Pero no hay causas perdidas porque no hay causas ganadas, decía T. S. Lewis, y lo que vemos ahora triunfante, lo que vemos ahora tapando todas las vías de escape y ocupando todos los terrenos, tiene toda la fragilidad de la soberbia, y no quedará de su cosmovisión de pesadilla piedra sobre piedra.

Lo que tenemos enfrente es malo en más de un sentido de la palabra; es también malo en el sentido de ineficaz y estéril. Arriba los corazones.