10 segundos y 8 meses

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“Ocho meses para diez segundos”, ha bromeado Sánchez ante Su Majestad después de jurar su cargo, y de la abundancia del corazón habla la boca. Podía ser un atleta en el podio, meditando sobre sus duros meses de entrenamiento para ese segundo que lo justifica todo, cuando se cruza la meta el primero. Ya es ‘presidente electo’, ‘salido de las urnas’, y esta era la meta soñada.

Ha hablado del tiempo, pero probablemente pensó también en el coste, en todo lo que ha tenido que mentir, trampear, manipular, disimular, comprometer, ceder. Lo que ha supuesto acabar haciendo lo que aseguró a los españoles, con esa solemnidad casi infantil que pone en la mentira, que jamás haría; prometer lo que no está en su mano cumplir, entregar España a su troceamiento, gobernar con los votos de quienes reconocen que la gobernabilidad de nuestro país les importa un comino, aliarse con una panda de bolivarianos de instintos totalitarios que se enquistarán en las instituciones como han hecho siempre en su malhadada historia y que dondequiera que han gobernado han traído miseria y opresión.

Pero esos diez segundos lo justifican todo. Pedro Sánchez juró su cargo con un sarcasmo: juró por su conciencia y honor, careciendo visiblemente de ambos. Para hacer el juramento sagrado, debería haber jurado por Pedro Sánchez, lo único que le importa.

Un verdadero gobernante pensaría que todo empieza ahora. Sánchez juzga que ya ha llegado, y que lo que venga después es lo de menos. Ya figura, ya lo ha conseguido. Luego, ya irá viendo.

Su Majestad también bromeó: “El dolor viene después”. Sí, y será España quien lo sufra. Y no serán diez segundos.