YA NO CUELA

Bendiciones del coronavirus

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Las pandemias son enormemente reaccionarias. Son, para empezar, una inyección de humildad en el cuerpo político, destructora de utopías marcadas con ‘smilies’. Revelan los límites del poder, incluso cuando dan más poder al Poder.

En sus casas, la gente empieza a pensar, tiene mucho tiempo para pensar. El pánico es malo, pero el miedo no. El miedo, como el dolor, puede ser muy saludable, no lo tenemos de serie porque sea inútil, mucho menos perjudicial.

La familia vuelve a ser muy importante, y la gente se da cuenta, cuando tiene que elegir de una decreciente selección, qué es lo que realmente valora.

La realidad fuerte, la presencia constante de la enfermedad y la muerte, al menos como tema de conversación e información, despeja la cabeza y la libra de ficciones de moda impuestas por decreto. Lo políticamente correcto, ese juego trucado del poder, se revela como la farsa que es.