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Benito Pérez Galdós. La verdad humana. El amor

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“Por más que se diga, el artista podrá estar más o menos oculto; pero no desaparece nunca ni acaban de esconderle los bastidores del retablo, por bien construidos que estén. La impersonalidad del autor, preconizada hoy por algunos como un sistema artístico, no es más que un vano emblema de banderas literarias, que si ondean triunfantes es por la vigorosa personalidad de los capitanes que en sus manos las llevan. El que compone un asunto y le da vida poética, así en la novela como en el teatro, está presente siempre: presente en los arrebatos de la lírica, presente en el relato de pasión o de análisis, presente en el teatro mismo. Su espíritu es el fundamento indispensable para que puedan entrar en el molde artístico los seres imaginados que remedan el palpitar de la vida”. Estas palabras son de Galdós en El abuelo. Inmejorable introducción centrada en su personalidad, que a continuación examinaremos, así como su papel de escritor omnisciente y omnipresente.

La Biblioteca Nacional de España, Acción Cultural Española y el Gobierno de Canarias inauguraron el pasado jueves la exposición ‘Benito Pérez Galdós. La verdad humana’, con motivo del centenario del fallecimiento del escritor canario en 2020. En la muestra, comisariada por Germán Gullón Palacio y Marta Sanz Pastor, se pueden ver más de 200 obras entre manuscritos, libros impresos, esculturas, grabados y lienzos que reflejan la “polifacética” personalidad de Pérez Galdós, de las colecciones de la BNE y de otras entidades y coleccionistas privados. La muestra, que se podrá visitar hasta el 16 de febrero de 2020, fue  inaugurada por el ministro de Cultura y Deporte en funciones, José Guirao, y el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres. El objetivo de la misma es mostrar cómo las obras y aportaciones públicas de Pérez Galdós inciden en una “nueva manera de entender la realidad moderna así como la transformación que fue forjando la polifacética personalidad del escritor canario y cómo sus obras y aportaciones públicas inciden, a su vez, en una nueva manera de entender la realidad moderna.”.

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Razón y corazón

La principal aportación del escritor a la cultura española fue, según los organizadores de la exposición, inventar una imagen moderna del ser humano, que “superaba la forjada a base de los arquetipos mentales y dualidades predominantes desde el Renacimiento: razón y corazón; mente y emociones; y espíritu y cuerpo”. Las distintas salas de la exposición van desgranando los espacios íntimos, la luz de los exteriores, la naturaleza, las tertulias, los trabajos y las publicaciones galdosianas para ofrecer a los visitantes la oportunidad de familiarizarse con la biografía del escritor. Así, la infancia de Pérez Galdós; sus amores; sus aficiones pictóricas; la estancia en Madrid; el magisterio de Giner de los Ríos; su experiencia como periodista o la influencia de Balzac, Dickens o Mesonero Romanos sobre él son algunos de los asuntos que aborda la muestra. Pero también su evolución como escritor; sus amistades; su perfil político; su papel como renovador del teatro español; la despedida nacional tras su muerte; yel posterior silenciamiento de su figura.

Uno de los aspectos más desconocidos sobre la vida del escritor es el amor. Qué mejor momento para ahondar en este tema que a muchos llegará a sorprender por lo que tuvo de ajetreado. Para empezar, en Benito Pérez Galdós la vida íntima queda oculta por sucesos imaginarios unos y veraces otros que nos impiden descubrirla. Por esto sospechamos en muchas obras de Galdós su presencia oculta en el anonimato de un personaje. La vida sentimental de Galdós no ha sido puesta en claro, está llena de luces y sombras, por el maquiavelismo del que hizo gala incluso en sus Memorias de un desmemoriado. El doctor Marañón, que fue no sólo su médico sino su amigo y confidente, afirma que medió en algunos de sus conflictos de faldas. “Y no puedo dejar de pensar ahora en Galdós, igualmente soltero, por probable influencia de la emoción materna, hombre superviril y mujeriego, aunque tímido con las mujeres”. El académico Manuel Herrera Hernández, miembro de Número de la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife hace un interesante análisis de la personalidad amorosa galdosiana. “En el discurso en el homenaje a Benavente, expresaba lo que pensaba o sentía sobre la mujer. “Sin mujeres no hay arte; […] Ellas son el encanto de la vida, el estímulo de las ambiciones grandes y pequeñas; origen son y manantial de donde proceden todas las virtudes. […]. Obra de ellas son los más gloriosos triunfos del bien; obra nuestra las privadas desdichas y las públicas catástrofes. Es destino ineludible de ellas amar al hombre y este debe consagrarles toda su inteligencia y su amor entero”.

Iremos descubriendo que, efectivamente, Galdós guardaba con secretismo sus relaciones femeninas. Dejamos atrás sus amores canarios de juventud y seguimos avanzando por el Galdós que ya sale al mundo. ¿A quién se refería cuando dice lord Gray en el Episodio Nacional Cádiz?: “Mi amor es secreto, misterioso y oculto, como las perlas, que además de estar dentro de una concha están en el fondo del mar. […] No tengo celos más que de mi publicidad; odio de muerte a todo el que descubra y propale mi secreto”. El amor secreto es Juana Lund Ugarte. Durante un  verano en Santander. Sus hermanas le presentaron al señor Lund, un pastor protestante de origen noruego, que se casó con una vizcaína católica y vivía en Bilbao. El matrimonio tiene una hija de dieciocho años, Juanita Lund Ugarte. Galdós se sintió atraído por esta joven y pudo inspirarse en Juanita para hacer el retrato físico de su Gloria

Amores, desencantos, dudas…

Seguimos saltándonos otros nombres, sino nos faltaría papel, y llegamos a Emilia Pardo Bazán: “La autora, en la plenitud de los treinta años, escribe Un viaje de novios y recibe una nota de felicitación de Galdós: Señora y distinguida amiga: hace tiempo que pensaba escribir a V. felicitándola por los admirables artículos de La cuestión palpitante en los cuales […] ha dicho cosas tan verdaderas, hermosas y oportunas […]. Soy de los primeros más vehementes admiradores de sus escritos”. Emilia, como una adolescente entusiasmada, le contesta: “Muy ilustre maestro y amigo debo a V. infinitas muestras de benevolencia, y su carta del 5 es una de las más gratas a mi corazón […]”. Todo esto acercaba de modo fatal a Galdós y a Emilia.

Permanece en Santander hasta el otoño de 1880. Una carta enviada a Mesonero Romanos el 1 de julio de 1880 hace saltar todas las alarmas, como se diría hoy: “Salgo mañana para Asturias con objeto de ver algo nuevo. Dentro de ocho días regresaré”. No íbamos desencaminados, la causa de este retraso es su reciente relación con la asturiana Lorenza Cobián González. Lorenza nació el 21 de mayo de 1851 en el pueblo de Bodes. “Galdós y Lorenza se habían conocido en Santander, donde la joven parraguesa pasaba largas temporadas con unos tíos. Pronto tendrían un primer hijo que falleció al poco de nacer. Lorenza había posado como modelo. Era una joven atractiva pero inculta. Galdós, congruente con sus ideas sobre la educación del pueblo, hizo que aprendiera a leer y escribir. Del carácter de Lorenza tomó Galdós algunos rasgos para trasladarlos a Fortunata, Casianilla, Lorenza o Leré entre otros personajes femeninos. Con el tiempo, Galdós le puso casa a Lorenza en Madrid y también en Santander durante el verano”. No nos olvidemos de Pardo Bazán. En este mismo año el matrimonio de Emilia con José Quiroga se ha roto definitivamente.

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Un mes después de la inauguración de la Exposición Universal de Barcelona Galdós dirige una tarjeta postal con fecha 1 de junio a la Sra. D.ª Lorenza Cobián, calle de Santiago 2, interior pral. izq., Madrid, que dice: “Hoy, ocupadísimo. Escribiré mañana. Cariños de Don Sisen”. La relación clandestina de don Benito con Emilia era simultánea con la que mantenía “Don Sisebuto” con su amante Lorenza.  “Después de la separación matrimonial Emilia marcha a París y escribe a Galdós que ahora dispone de horas para trabajar y relacionarse con los escritores. A finales de 1886 Pardo Bazán escribe a Galdós: “1886. Hotel d’Orient. Rue Dannon. Le quiere muy de veras su amiga. E.”. La relación y admiración, casi de discípula a maestro, ya se va transformando en una relación apasionada. A su regreso de París en febrero de 1887 Emilia reside en Madrid y pronuncia unas conferencias en el Ateneo, entre el 14 y el 28 de abril, a las que asistirá en lugar preferente el ateneísta Galdós”.

Surge el tema de los prejuicios. A doña Emilia y a don Benito les preocupa que se conozca el romance. Para conseguir su ocultismo caen en una constante relación epistolar. Desde París el 28 de septiembre de 1889 Emilia escribe, cuando ya Galdós ha regresado a Santander, y queda desolada en aquella ciudad: “Triste, muy triste […] me quedé al separarme de ti, amado compañero, dulce vidiña […]. Hemos realizado un sueño, miquiño adorado, un sueño bonito, un sueño fantástico que a los 30 años yo no creía posible. Le hemos hecho la mamola al mundo necio que prohíbe estas cosas; […]. Felices, nosotros. ¡Ay, cuándo volveré a estrecharte en mis brazos, mono, felicidad mía, cuándo será!”. 

Filtraciones, rencores y juego sucio político 

Pero Galdós ya estaba centrado en otros intereses. De Pardo Bazán le atraía la cultura, su papel innovador en la literatura, sus ideas avanzadas como defensora de la mujer y su personalidad. “Pero pasaban los años y su físico le atraía cada vez menos y aún recordaba su infidelidad. Alrededor de la primavera de 1891 Galdós conoce a la joven Concha Morell en uno de sus paseos por Madrid. Comienzan las citas furtivas con la actriz en el palomar, como denominaba Galdós a un cuartito ubicado en el número 17 de la calle del Buen Suceso del barrio de Argüelles en Madrid. Concha deseaba tener una profesión y ser actriz”. Galdós también echa un cable profesional (como habitualmente, no se puede negar) “y procura que tenga una profesión. Le consigue un papel modesto en Realidad, el drama que le pidió para su compañía teatral Antonio Vico”.

Pero no olviden tampoco a Lorenza. El 12 de enero de 1891 nace una niña en Santander, María, de la relación de Galdós con Lorenza Cobián. “Permanece, entonces, en la capital de Cantabria pero con ocasionales viajes a Madrid. Galdós afirma en una carta que escribirá a su sobrino José Hermenegildo que su ruptura es definitiva con Concha Morell. Pide al sobrino “tendrá buen cuidado” en hacer llegar la noticia a las manos de Concha. Pero Concha, enferma de tuberculosis, necesitada de cariño y de lo necesario para vivir, decide recluirse en Monte, Santander”. Los rencores y el juego político desestabiliza, inesperadamente, la supuesta anónima vida amorosa de Galdós: “Unos días antes del nueve de abril -estrena Alma y vida-, Galdós recibió una grave ofensa del rencoroso Luis Bonafoux que este justificaba por haberle quitado su acta de diputado por Puerto Rico. Bonafoux publicó el 5 de abril un artículo en El Heraldo de París, con el título ‘El anticlericalismo de Galdós o la Concha Ruth Morell’ que decía: “El Sr. Pérez Galdós […] sedujo a la señorita doña Concepción Ruth Morell y la hizo su querida durante muchos años, en pago de lo cual la ha abandonado, siendo la última etapa del concubinato un hotel de la rue Cambon, en donde vivió con ella, bien que en cuartos separados, porque este hipocritón mira mucho el qué dirán”. Cuando Don Benito se enteró tuvo un disgusto enorme. Recordemos que el doctor Marañón llegó a escribir que “Galdós en sus choques con la realidad hartos se los buscaba fuera de casa”.

Epílogo tormentoso

Es evidente que Benito tuvo muchas amantes y muchos amores y los rumores corrían de boca en boca, aunque insistiera en camuflar su vida íntima. Al llegar 1905 Galdós sufre una hemiplejía transitoria. “Su situación amorosa también sufre conmociones. Un año más tarde Concha Morell, que padecía diabetes, fallece en Monte, Santander, el día 22 de abril 1906 a causa de la tuberculosis. Triste fue el devenir de Concha. El cadáver fue puesto en un ataúd muy pobre y transportado en un carro de bueyes de doña Consuelo Rivera, la Churumela, que era la dueña del cuarto alquilado a Concha”. Los fatales acontecimientos continúan y tres meses más tarde, el 26 de julio de 1906, “El Cantábrico de la capital montañesa dio cuenta del “Suicidio de una loca” que se ahorcó con un pañuelo que llevaba al cuello y que ató a los barrotes de la ventana del calabozo del Gobierno Civil de Madrid. Era Lorenza Cobián que había sido detenida por intentar arrojarse sobre la vía al paso del tren. Bajo una profunda impresión Galdós escribió inmediatamente a Dolores -la hermana de Lorenza- y a su hija María, que tiene quince años:

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Querida María: recibí ayer tu carta del 29 en la que veo confirmada la terrible desgracia. […]. Ya sabes que tu pobre mamá venía hace tiempo atacada de delirio persecutorio; ya le dije que esto era una enfermedad. […]. Ahora, estás más obligada que nunca a una obediencia ciega a cuanto yo te mande. En ello te va el porvenir. Yo no te mandaré nada que no sea para tu bien. […] Tengo que mirar por ti y lo primero es contar con que me obedecerás en todo absolutamente. Te quiere mucho y te mando muchos cariños tu papá, B”.

La vida amorosa de Galdós no acaba con estos tormentosos acontecimientos. En el verano de 1914 tiene lugar en Santander el primer encuentro de Margarita Xirgu con Galdós. Después, en Madrid, volvió a ver a Galdós: “Yo iba con frecuencia a verle -dice ella- y me incorporé a su tertulia. Él tomaba mi mano, la retenía mucho tiempo entre las suyas, acariciando mis dedos, en silencio […] porque él hablaba muy poco o nada”. Aún Galdós con setenta y tres años, enfermo y ciego, luchó por seguir con las tertulias en su casa y no quería abandonar su trabajo ni sus paseos.

Podríamos seguir relatando más detalles sobre este apartado de la vida del escritor, pero mejor será concluir. Como magnífico aperitivo queda. Concluyamos: “Sabemos por Marañón que  Benito no se casó por el amor que tuvo a su madre y a sus hermanas. A pesar de esta afirmación cierta tenemos que añadir que existen otras razones. Su frustrado noviazgo juvenil con Sisita; el fracaso al intentar una relación seria con Juanita Lund que prefirió el amor del doctor Aniceto Achúcarro; el cariño y esmero de sus hermanas especialmente de Carmen; los problemas graves planteados con amantes que él no supo resolver; su desencanto sobre el matrimonio que le hizo dudar en la creación de una familia y, también, por su dedicación plena como escritor. Algunos galdosistas han creído ver un exceso de presencia erótica desde la infancia de Galdós. Es complicado encontrar en sus relaciones amorosas la realidad que sea compatible con el máximo respeto a su figura y con la reserva que alrededor de él levantaron sus amigos”.

Retomando el recorrido por la exposición, encontrarán entrevistas filmadas por la cineasta Arantxa Aguirre a Almudena Grandes, Elvira Lindo, Manuel Longares, Antonio Muñoz, Care Santos y Andrés Trapiello reflexionando sobre el impacto de Galdós en sus obras, así como sobre aquellos textos galdosianos que más enriquecieron su experiencia lectora.

Tras su paso por Madrid, la exposición podrá verse en dos sedes en Canarias: en Las Palmas de Gran Canaria, en la sala Fortunata y Jacinta del Museo Benito Pérez Galdós, entre abril y agosto de 2020; y en Tenerife, en el Instituto Canarias Cabrera Pinto, entre septiembre y noviembre de 2020.