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YA NO CUELA

Conspiraciones

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En estos días de encierro, aún tan pocos pero que a una sociedad artificialmente hiperactiva se le hacen eternos, he tenido la ocasión de leer incontables teorías conspiratorias en torno al enemigo invisible que nos mantiene enclaustrados.

Es China, que se enfrentaba al envejecimiento de su población y para la que el pago de tanta pensión con una población activa reducida por décadas de política del hijo único amenazaba con lastrar el crecimiento económico. El virus, después de todo, ataca especialmente a los ancianos y a los débiles (personas con enfermedades previas).

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Es Estados Unidos, que busca desesperadamente entorpecer el imparable crecimiento chino que amenaza con comerle la tostada de la hegemonía mundial.

Es la cábala globalista, que quiere crear una crisis mundial para imponer una solución mundial, haciendo que una población asustada clame por sus cadenas a cambio de seguridad.

Es la cábala globalista 2, sección bancario-comercial, que está aplicando una gigantesca ‘operación acordeón’ para quedarse con todos los activos comprándolos a precio de ganga y limpiando de paso un balance lastrado por la deuda.

Es lo que quieran, desde extraterrestres que nos debilitan antes de invadirnos hasta fanáticos de Greta que buscan diezmar la población mundial para salvar el planeta. Elijan la que más les guste.

Pasa siempre, por otra parte, cuando desciende una plaga sobre la humanidad. Más que nunca en nuestros tiempos, en que no aceptamos la idea de que algo escape a nuestro control. El espíritu conspirativo nace, no de un exceso de ignorancia, sino de un exceso de racionalidad, de la necesidad de comprender, de la idea de que alguien debe de estar dirigiéndolo todo. Nos da en el fondo horror la Última Teoría de la Conspiración, la idea enloquecedora de que no hay nadie al volante.

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