YA NO CUELA

Despertares

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Para los jóvenes pijos de izquierda radical, el comunismo es un juego excitante, y las visitas a ‘paraísos socialistas’ son eso, visitas, como se visita el zoo, sin el menor temor a que el guardia vaya a meterlos de golpe en alguna de las jaulas.

Son los que hablan de ‘traiciones a la clase obrera’ y expresiones por el estilo cuando con las manos no han hecho ni una pajarita de papel, y en su vida les ha faltado nada esencial y pueden jugar impunemente a la revolución sabiéndose protegidos y esperando que, si llega, ellos sigan ocupando en la nueva sociedad el mismo puesto de privilegio, solo que sin la molestia de aguantar a quienes les contradicen.

Corre por las redes un vídeo muy cortito de una joven chilena, una tal Carolina Cox, que no tiene desperdicio. Cox, como se desprende inmediatamente por su aspecto, su acento y su apellido, no es lo que a uno le vendría a la cabeza cuando piensa en la ‘famélica legión’ o los ‘parias de la tierra’, sino más bien de esa nueva hornada de jóvenes privilegiados que constituye hoy la vanguardia de la revolución en los países libres.

Cox es una de las dirigentes de esas revueltas estudiantiles chilenas que llevaron a la quema de iglesias por todo el país, entre otros destrozos. Pues resulta que la joven y otros de sus camaradas voló al paraíso cubano, para ver la Cuba Potemkin que el régimen despliega para esos imbéciles voluntarios, viviendo en uno de esos hoteles que los cubanos solo ven desde fuera y todo iba más o menos bien cuando estalló la pandemia, y ya no pudieron salir de la isla. Y Cox empezó a asustarse, y mucho, porque este tipo de gymkhanas son divertidas cuando se atienen a lo programado.

El vídeo de Cox es un angustioso mensaje de auxilio. Le tiembla la voz y respira al borde de un ataque de ansiedad. Cox quiere salir de allí, y pronto, quejándose de que no les funcionan las tarjetas, de que no hay mascarillas, y escasea el papel higiénico y el jabón, y ‘exige’ al gobierno que mil veces a declarado ilegítimo y contra el que se ha levantado en las calles, el de su país, que inmediatamente les mande un avión a recogerles. A los cubanos, que les recoja Rita, que la broma ya ha durado demasiado. Por favor, por favor, véanlo. Pueden encontrarlo en muchas cuentas de Twitter, e incluso pueden verlo comentado por un joven cubano que huyó de la isla, un ‘gusano’ que ahora vive en Estados Unidos.

El caso de Cox es mala suerte. Lo normal es que hubiera ido, hubiera visto lo que los mandarines cubanos querrían que viera, y volvería ‘a la lucha’ en Chile hasta que se aburriera o lo convirtiera en profesión bien remunerada. Nadie espera una pandemia, al fin.

Pero no sucede lo mismo cuando lo diver es llevarlos al poder en tu propio país. Hoy tenemos a esos mismos que tanto gustan (¿gustaban?) a Cox en el Gobierno de nuestro país. Y ningún avión va a venir a rescatarnos a todos.