YA NO CUELA

Diez negritos

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Hablaba James Frazer en La Rama Dorada de una tribu africana que elegía cacique para un periodo de tiempo, durante el cual tenía pleno poder de vida y muerte y que, al concluir su mandato, era ritualmente sacrificado. Es un modo como cualquier otro de deshacerse de los ‘ex presidentes florero’, con frecuencia tan incómodos para su partido.

Los populares han encontrado el camino incruento a la misma meta, y reniegan de los mandatarios de su partido enterrándoles en vida. Casado no conoce a ese “Rajoy del que usted me habla”, pero no es la primera vez que se emplea la misma añagaza en el partido de la gaviota. En ese sentido, los ‘populares’ forman el partido más genuinamente progresista, no ya de nuestra democracia, sino de cualquiera que conozca. Como los jemeres rojos de Pol Pot, están siempre en el Año Cero de su andanza política.

El PP es cada mañana un partido nuevo, recién creado; un partido sorpresa, un partido como una película de Shyamalan, lleno de bruscos giros de guión.

Decía Alfonso Guerra en su día ante las atenuadas voces críticas de su propio partido, entonces en el Gobierno, que el que se mueva no sale en la foto. Pero la foto de familia del PP es digital y cada dos por tres se tira de Photoshop para borrar mágicamente unas cuantas figuras, como cuando se quiere eliminar de la instantánea de las vacaciones al ex. Más que una foto, es una película, Diez negritos.