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Dos Españas

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Dos reacciones a un fallo judicial. Dos formas de entender la vida pública, social y política. Dos Españas. La España de la barbarie, la España de perros rabiosos de ultraizquierda y separatistas que ha arrasado Barcelona y Cataluña, porque creen que la violencia es la mejor forma de expresar su rechazo a la sentencia del llamado “proces”.  En el otro lado, la España civilizada, la España que ante la sentencia que ha permitido la infame exhumación del Generalisimo, no ha recurrido a la violencia para protestar contra la profanación de una tumba. 

Las mismas dos Españas que se enfrentaron en 1936. No la España democrática contra la España fascista, falsedad con la que nos llevan lavando el cerebro cuatro lustros. Ni siquiera la derecha contra la izquierda. En nuestra guerra civil se ventiló el triunfo de la barbarie o de la civilización. 

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El socialista Besteiro, tras oponerse infructuosamente a la deriva revolucionaria del PSOE, al finalizar la guerra civil reconocía: “Muy pocos de los antiguos partidarios del Frente Popular se sintieron vencidos después de la guerra, a pesar de las depuraciones y los juicios que hicieron los vencedores. Habían sido testigos de la enorme corrupción, el terror, los asesinatos, las luchas civiles y el odio que hubo entre las propias izquierdas y para colmo contemplaron la huida de sus jefes cargados de tesoros. Así que a la mayoría no les quedaban fuerzas como para seguir creyendo en aquel Himalaya de mentiras”.

Pedro Sánchez se ha empeñado en erigirse en heredero político de aquel bando de mentirosos, de radicales de extrema izquierda, de golpistas, de chequistas, de asesinos, de criminales de guerra y de ladrones. Con la exhumación de los restos mortales de Franco, 44 años después de su entierro, quien ha triunfado, por supuesto que no ha sido la reconciliación, sino la revancha más cobarde. Quien ha triunfado no ha sido la democracia, sino la barbarie. 

Si en 1934 el PSOE apostó por la radicalización y la deriva revolucionaria que nos llevó a la guerra civil, ahora el socialismo español nuevamente apuesta por la política de bandos, desenterrando rencores que la Transición pretendió mal que bien larvar. 

Es muy peligroso eso de resucitar bandos y poner en marcha proyectos en los que se pretende eliminar a uno de ellos.  Pero si Pedro Sánchez y sus secuaces se empeñan en rechazar una sociedad plural y en destruir la comunidad nacional, harían bien en cuidarse de los que dan por vencidos. Indalencio Prieto al comienzo de la guerra civil, dueño el Frente Popular de todas las zonas industriales, de la marina, de la aviación, con los apoyos internacionales de la URSS y las democracias liberales, arrogantemente daba por segura la victoria y el 24 de julio de 1936 proclamaba, “Y al enemigo le digo: estás ya de hecho vencido”. 

Tres años después llegaba el último parte de guerra: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. 1º de Abril de 1939, III Año Triunfal. El Generalisimo: Franco. 

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