YA NO CUELA

El 1-O nunca existió

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“Si el Gobierno tiene alguna esperanza de reemprender el diálogo, antes tendrá que demostrar que tiene la firme voluntad de parar las hostilidades contra el movimiento independentista catalán”, amenazó anoche Quim Torra en un mensaje institucional en el que dio por roto el incipiente diálogo con el Gobierno, después de que la justicia suspendiera la concesión del tercer grado a los condenados por el 1-O a petición de la Fiscalía.

El Gobierno tiene un problema. Hubo un juicio con condena en firme contra esta gente por delitos muy graves. Pero son los socios de Sánchez, que necesita tenerlos en la calle. Incluso si Torra no amenazara con romper la baraja, queda feo gobernar con los votos de una facción algunos de cuyos líderes han cometido graves delitos, y todavía más negociar con él lo que ha sido el objetivo de ese mismo delito.

Por eso, por el bien de la gobernabilidad y la paz social, quiero aprovechar este espacio para ofrecerles la solución: decretar que el 1-O nunca existió.

Entiéndanme, no me refiero a que se pasara del 30 de septiembre al 2 de octubre. Quiero decir que aquel día no pasó nada especial. No hubo referéndum ilegal, no hubo disturbios, no saltó nadie sobre los coches de la Guardia Civil, Puigdemont no proclamó la República de Cataluña. Si acaso, Rajoy montó una rocambolesca historia para justificar una absurda y malvada represión contra los pacíficos nacionalistas.

Puede hacerse. De hecho, el partido en el poder prepara una reforma de la ya cuestionable Ley de Memoria Histórica que pretende exactamente eso: hacer ilegales y aún punibles los recuerdos históricos que molesten a la izquierda.

Sé que me dirán que la Guerra Civil e incluso la dictadura franquista quedan ya muy lejos, mientras que lo del 1-O lo vimos todos con estos ojos que se ha de comer la tierra. Pero, ¿puede estar usted seguro? ¿De verdad sucedió todo lo que cree haber visto? Piense que ese mismo día salió, por ejemplo, una mujer asegurando que la policía nacional le había roto uno a uno todos los dedos de una mano, y resultó no ser cierto. ¿Por qué no podría ser todo lo demás un montaje, incluso un falso recuerdo?

Ahí tiene usted el comité de expertos sobre la pandemia que anunció Sánchez y sobre el que ha apoyado y con el que ha justificado cada una de sus caprichosas medidas liberticidas. Bueno, pues nunca existió, ya ven. ¿Pasa algo? Pues no. Nunca pasa nada.

Así que basta que salga Sánchez en la tele y diga que van a liberar a los ‘presus politics’ porque los delitos de los que se les acusa nunca existieron. Por decreto.