YA NO CUELA

El buen terrorista

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Juan Calvino, de execrable memoria, enseñaba que todo hombre nace ya destinado al Cielo o condenado al Infierno, y nada de lo que haga o deje de hacer puede ayudarle a eludir su destino. Los réprobos no pueden hacer nada bueno, ni los elegidos nada malo, no importa si, en apariencia, hacen exactamente lo mismo.

Ya apenas nadie, ni las sedicentes sectas protestantes descendientes de Calvino, sostienen esta angustiosa teología en toda su lógica perversa, pero en la vida política es la doctrina por defecto, y cada vez más.

La izquierda, ocupando por definición el lado correcto de la Historia, no puede pecar, lo que significa que es virtuosa cuando hace aquello de lo que ha acusado a sus rivales, multiplicado.

Pablo Iglesias ha calificado de “obsceno” tener una casa como la que tiene… antes de tenerla, naturalmente. Y a sus sicarios en medios les parece bien lo que en otros les parece mal. Como la parecía mal el nepotismo conyugal en el caso de Ana Botella, pero no en el de Irene. O como prometió no cobrar nunca un sueldo que ya supera con creces.

Pero esto es inocente, una minucia sin importancia, comparado con lo que ha de helarnos la sangre si vienen mal dadas, como todo apunta. A vueltas con la pertenencia del padre de Iglesias al FRAP, ya ha saltado Elisa Beni diciendo que estos no eran terroristas, porque “luchaban por la libertad”. Pretender que un grupo comunista armado “lucha por la libertad” es algo peor que cuestionable, es literalmente descerebrado. El comunismo ha sido, con una diferencia descomunal, el mayor enemigo de la libertad del último siglo. Por tiempo y espacio, el nazismo y el fascismo ni siquiera se acercan.

Pero ni siquiera así podría justificar a una banda que pusieran bombas o matara a inocentes luchando contra el comunismo. Sería terroristas, punto. No creo, ya ven, que nazcamos inevitablemente réprobos o electos.