YA NO CUELA

El cierre

|

Variantes de ‘cierre’ y ‘cerrar’ -empresas, escuelas, instituciones- copan hoy los titulares de portada con ecos de tiempos muy lejanos, de plagas y temores extendidos como el fuego en un prado seco.

La gripe de Wuhan podría quedar en nada mañana mismo, pero ya habría hecho su efecto: constatar la extrema fragilidad de nuestra arrogante civilización, como en un ensayo general del fin.

Uno lee cosas aquí y allá que no tiene tiempo ni ganas de comprobar a fondo, pero que dan una caótica instantánea de la hiperinformación -datos significativos como islotes en un mar de ruido- que más padecemos que gozamos.

El virus muta, pero no en un sentido que entienda nuestro virólogo de guardia. Muta por regímenes, por circunscripciones electorales, y en países donde gobierna el populismo -los Estados Unidos de Donald Trump– se presenta con los rasgos alarmantes de una peste, mientras que allí donde la izquierda manda -España, digamos– es una bobada menos virulenta y letal que la gripe común de todos los años. En unos países se agotan las mascarillas o las conservas; en Francia, como si quisieran hacer un chiste de franceses, se disparan las ventas de La Peste, de Albert Camus. Dicen de China que en lo que lleva de crisis ha reducido sus emisiones de CO2 el equivalente a lo que emite Chile durante todo un año. El Gretavirus.

Decía Pascal que toda la infelicidad del hombre procede de su incapacidad para estarse quieto en su cuarto. Pascal no sabía mucho de PIB, pero su consejo podríamos tener que aplicárnoslo si sigue la pandemia.