YA NO CUELA

El enemigo invisible

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En una democracia, las manifestaciones las organiza la oposición; en un régimen totalitario, el Gobierno. La izquierda necesita ser, como recomendaba San Pablo, todo para todos, y desde siempre, al llegar al poder, se ha negado a dejar de ser oposición, mantener la retórica de la revuelta aunque haya que inventar figuras de papel contra las que rebelarse. Por ejemplo, el Patriarcado, ese monstruo de bestiario medieval sin nombre ni cara, no menos mítico que el Yeti ni menos útil que el Hombre del Saco.

Ayer el poder pastoreó a sus mesnadas con cualquier excusa. Era ese feminismo que aspira al alto ideal de volver sola y borracha a casa, pero podía haber sido cualquier otra causa, porque se trataba solo de una demostración de fuerza de los poderosos, de una danza de la victoria. Secundaban la marcha los partidos en el Gobierno y en la Oposición, multinacionales, grandes medios, bancos, los estamentos educativo y cultural. ¿Quién queda fuera?

Goldstein, por supuesto.