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YA NO CUELA

El rábano y las hojas

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Uno de los primeros efectos del triunfo de una ideología es el alejamiento de lo oficial con respecto a lo real. Iba a escribir “una ideología errónea”, pero es redundante: todas lo son, en alguna medida, porque se trata siempre de imponer un modelo simple pergeñado a solas en un despacho sobre una realidad irreductiblemente compleja.

Por eso el ideólogo necesita controlar y neutralizar el medio de expresión de esa realidad, el lenguaje, las palabras; y fomentar la amnesia social. El creyente cree en lo que no ha visto; el ideólogo, en lo contrario de lo que puede ver cualquiera con ojos en la cara.

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Uno de los ejemplos más evidentes es el caso de los ‘expertos’. Me refiero, específicamente, a los que hacen pronósticos sobre los cuales los políticos realizan sus planes de ingeniería social. Uno pensaría que, como en cualquier sector, el experto más prestigiado sería aquel cuyas previsiones se alejan menos de lo que acaba pasando, pero no hay tal. Más bien se diría que es exactamente al contrario.

Todos hemos oído hablar de los complejísimos e interminables cálculos que llevaron a los primeros hombres a la luna, repasados una y mil veces porque un error infinitesimal daría al traste con toda la empresa. Pero en lo que hablábamos antes no se trata de errores infinitesimales, sino elefantiásicos.

Seguimos escuchando -y legislando en consecuencia- a quienes profetizaban que habría hambrunas con millones de muertos en los años ochenta, a quienes daban por hecho que el Polo Norte no tendría a estas alturas hielo ni para un cubata, o, ahora mismos, a quienes nos aterraban con la previsión de millones de cadáveres por el coronavirus.

Y todas las aberrantes medidas sin precedentes adoptadas por casi todos los gobiernos se han basado en ellas. Diez millones de muertos en Estados Unidos; veinte millones en Gran Bretaña, y así. El error con respecto a la realidad final no es de decimales, es de una distancia carcajeante.

Pero da igual, porque en realidad no es que los gobiernos consulten a estos expertos y actúen en consecuencia; es más bien que los profetas a los que se eleva a la categoría de expertos oficiales, atendibles, son los que ofrecen las cifras que interesa al poder. No son medidas meramente erradas para atajar un problema real, sino un problema deformado y exagerado para justificar unas medidas.

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