YA NO CUELA

El ‘remake’

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Para los adictos a la cosa, el subidón debe de ser intoxicante. ¿Qué tirano de leyenda hubiera soñado con condenar a todo su pueblo a un arresto domiciliario de meses? ¿Qué déspota hubiera imaginado enmascarar a una orden suya a todos sus súbditos, convertir las calles en una fantasmagórica distopía de rostros invisibles, borrar por decreto las sonrisas y las muecas, forzar a todos a respirar a través de una tela, temblando de miedo ante una ‘peste’ con una tasa de mortalidad entre infectados inferior al 1%?

Es una droga poderosa, y ya están insinuando que quieren otra dosis, ya nos preparan para el ‘remake’ de la película de la que acabamos de salir. Porque “rebrotes”.

¿Recuerdan que la excusa, en el mundo entero, de los encierros era ‘aplanar la curva’, impedir el colapso del sistema sanitario? Eso era antes, y nunca fue muy creíble. Ahora el virus ha descendido en virulencia y letalidad, pero “rebrotes”.

No hospitalizaciones, no muertes: “rebrotes”. Es decir, contagios. Es decir, personas que pueden estar sanas como una manzana, pero que dan positivo en un test, los famosos ‘asintomáticos’. En su uso actual, la de ‘asintomático’ se ha convertido en la palabra orwelliana del momento. En principio, una persona sin síntomas es una persona sana, pero decirlo así le quitaría toda la gracia al asunto. ‘Asintomático’ quiere transmitir el siguiente mensaje: “Sí, te encuentras perfectamente, pero no te confíes: la peste corre por tus venas y puedes transmitirla a tus seres queridos, a tus conciudadanos”. Ten miedo, ten mucho miedo.

Ahora, si hay algo fácil de fabricar es un ‘rebrote’. Si los datos oficiales son ciertos y la virología sigue siendo la misma ciencia de siempre; si el virus es tan contagioso como se nos dijo, lo lógico, lo que especulan todos los expertos, es que haya millones de portadores del virus entre los que no han desarrollado la enfermedad, con lo que basta multiplicar las pruebas para que -¡voilà!- aparezcan automáticamente ‘nuevos contagios’. Haz más pruebas y tendrás más casos, es de cajón.

Y visto el resultado del experimento, vista nuestra docilidad e incluso el entusiasmo colaboracionista de tantos ciudadanos aterrados -como si la enfermedad y la muerte fueran una insólita novedad-, entiendo que les tiente repetir, o al menos guarden ese expediente para cuando convenga a sus planes volvernos a encerrar.