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El Villarejato

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El verdadero poder es transversal. Para el poderoso, la ideología es instrumental, coyuntural, una herramienta que elige según la ocasión. Pero el que se lo cree de verdad, por encima de sus propias ansias de poder, tiende a perder frente a quien simplemente se vale de ella, quien no tendría escrúpulos en deshacerse de ella si se vuelve una carga o un obstáculo.

La izquierda, una vaga izquierda, suele ser la preferida por dos razones fundamentales: porque promete el paraíso, y un pueblo sin Dios añora el paraíso para el que fue creado, y porque por eso mismo concentra en el líder un poder intoxicante. Si te piden lo que pedirían a un dios, te darán el poder de un dios.

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La ministra Celaa, nada menos que en un congreso de escuelas cristianas, ha dicho que eso de que los padres puedan elegir la educación de sus hijos, que de qué. Por qué un asociación educativa católica invita a una ministra socialista y qué espera que diga es ya otra cosa que habría que tratar en otra ocasión, no esta.

Las huestes de esclavos vocacionales o de tiranos a la espera han saltado en defensa de la ministra. Dicen que la educación, como la sanidad, si la paga el Estado, debe ser única, y que si no gusta, que se paguen otra los disidentes. Pero no hay muchas formas distintas de curar un cáncer, no muchas formas óptimas y diferentes. Sí, en cambio, muchas formas de educar, no necesariamente clasificables entre eficaces e ineficaces. Se puede formar con igual eficacia en el corporativismo fascista o en el Hombre Nuevo del Socialismo o en la doctrina católica. Y los resultados serán, evidentemente, muy distintos.

Pero es poder, es el poder definitivo, el de los siervos a quienes se les enseña a amar las cadenas y a odiar a quienes amenacen con cortarlas. El poder que mandaba a la policía política a reprimir o encarcelar era un poder de aficionados. Es más práctico encadenar la mente desde la más tierna infancia (cuando leo sobre escuelas de 0 a 3 años, tiemblo). Es como reclutar a los jóvenes sin sueldo como tu propia policía del pensamiento. Ellos se ocuparán por ti de perseguir al disidente.

Por detrás, al otro lado del teatrillo de la mera política, la cosa es bastante más fea y mafiosa que las consignas y las banderas. Detrás no hay bellas palabras, no hay amaneceres que cantan. Hay comisarios Villarejos.

Villarejo es la trastienda transversal de la democracia española. Villarejo lo mismo le hace el trabajo sucio a bancos que a partidos, a gobiernos que a empresas. Sin remilgos ni acepción de personas, que ha trabajado para González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Eso es tener una visión amplia del espectro.

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